lunes, 21 de agosto de 2023

Íntima obediencia con reseña de Nelson Guzmán







Ximena Benítez 

Autorretrato con ojo 

50 cms x 35 cms 

Carboncillo sobre papel 

Caracas, 1998


Han pasado varios años desde la publicación de mi poemario Íntima obediencia, hoy lo comparto en Lunisolio para todo el que desee leerlo. Ya lo había compartido con algunos amigos, y también lo adquirí en su versión impresa disponible en Amazon, agradezco al poeta Rey D´Linares y a la Sociedad de Poetas Andrés Eloy Blanco por su edición y a la artista plástico Ángela Scavo por su portada, por acá tienen la versión digital:


https://drive.google.com/file/d/1ShVbZ-UT_AnIRxQ4mztvFomlAZhAWWga/view?usp=drive_link 




 

Ximena Benítez

Autorretrato con tapabocas 

50 cms x 35 cms 

Carboncillo sobre papel

Caracas, 1998


Este poemario contiene imágenes de mi autoría, son dibujos que he tratado como los textos que integran el libro, es decir, he sacado a la luz de hoy, así como quien descubre algo de sí misma de otra que fue, como abrir un cofre del tesoro, algo parecido, con asombro y curiosidad, también con alegría y preguntas.


Ximena Benítez 

Autorretrato como gata 

50 cms x 35 cms 

Carboncillo sobre papel 

Caracas, 1998

 

Ximena Benítez 

Autorretrato con decisiones 

50 cms x 35 cms 

Carboncillo sobre papel

Caracas, 1998



Infinita Obediencia
Nelson Guzmán


Versos tersos y melancólicos son los de nuestra infinita Ximena. Su pluma nos hace comprender los recodos del amor. La vida y la muerte son dos substancias que se rozan. Los seres humanos no somos más que seres baldíos que le tenemos miedo a las distancias, arropados por la soledad no tenemos más defensa que  la de nuestras palabras. La muerte desalienta la eternidad y es un castigo superlativo al que todos temen. Los humanos deambulamos por las calles sorprendidos sin más remedio que recibir las volteretas de la cotidianidad. Ximena sonríe, calla y padece ante la fenomenología de un mundo que es incontrolable.
Ximena acaece ante su imperturbable realidad, sabe andar en la oscuridad y recibir sus fibras. La verdad está allí y más allá. El lenguaje de los días es repetición. La vida es sorprendente en su carroña, en su amor divino. Todos rozamos con un obstáculo, la permanencia no es otra cosa que voluntad de amor que se ensortija en las faenas del existir. En esos fuegos vivimos los bardos, como siempre, tatuados de eternidad. La finitud la siente a cada rato, pero allí sigue ella guaraleando su derecho de afirmación, los verbos de su poética la enseñorean en lo más supremo de sus vocablos.


En Íntima Obediencia se va atisbando una fuerza descomunal del universo intrapsiquico que hace posible que nuestra creadora se interrogue por el mundo que vive. Indagar es preguntar  por los destinos de ese ser que somos, la poesía es una confrontación y un horadar de nosotros mismos. Se combate en los caminos y nos plantamos ante nuestras voces sin poder saber si somos marionetas de un destino o un infatigable adiós a los instantes, lo dice bellamente, “déjame a mí en mi cansada soledad/  déjame yo no sé contar/ no calculo ni mastico como ellos/ soy perfectamente torpe para todo”
La vida de nuevo se le pone allí enfrente a nuestra poeta para que tase el sentimiento de abismo y de fastidio que sienten las muchachas de las tiendas, ellas perciben como sus existencias se desvanecen vigilando vidrieras que no las convocan a otra cosa que a la monotonía, se registran pérdidas en el cavilar de unas horas que han renunciado a las sorpresas, desean escapar de aquel destino aburrido. Pero más allá en el columpiar de los días se muestra el amor infinito de Ximena por el amor que no tiene rezagos, que se expresa como pasión, como nocturna devoción por sus hijos. La luces de las estrellas tintinean en lo más profundo de los cielos para recordarle el acto de creación y de luz que le ofrecen los días.

Ximena aposenta su ser en este libro de nombre sugestivo. Íntima Obediencia son sus sueños, y sus búsquedas, las resacas de los ríos del pasar la tropiezan con sus amigos y allí se desencadenan los faros, sus luces. Sus versos llevan a la introspección y al esclarecimiento al expresar que anhelar por lo que no existe es un absurdo, un escupitajo de espumas vacías, desaforadas en la completa incertidumbre “No hay definitiva luna” El mundo añorado como perfección deja de existir en el entramando de días que no pueden ser. La vida es mordedura, fragancia, hastío, estupidez. Nos vamos mostrando tal cual somos con la certeza que hemos perdido.


Hay un intento de exploración y escrutinio ante lo que no se puede hacer. El artista no termina de comprender las voces que lo asaltan. Finalmente los tiempos del alumbramiento se aposentan en la piel de los creadores. Todo se da en un misterioso vuelo que no tiene final. La lucha infinita con las voces de la ausencia conturban las palabras. El cielo es una eternidad que se debe descifrar. La intuición descarnada de nuestra creadora nos expresa que no somos nuestros. Somos requeridos por lo desconocido, abordamos la existencia como fablistanes de la esperanza. Aparecemos entonces esforzados por ocultarnos de nosotros mismos, no somos capaces de asumirnos en nuestra exactitud, las llagas se atesoran como un vaivén despiadado.

Los hombres no parecen ser otra cosa más que dolores del destino, encaprichados por ocultarnos terminamos lacerados por nuestras certezas. Las gotas del rocío llegan a aliviarnos, pero no nos curan. Ximena se interroga,  festeja sus ausencias, se percibe en la faena de vivir, obsequiada por voces distantes asume con arrojo su existir, maquina, habla, empalma palabras que la desnudan, la fortalecen y le insinúan que debe aguardar, el momento decisivo ha de venir. Ha sido arropada muchísimas veces en los refugios de la tormenta. La vida y la muerte subyacen en el íntimo valor de los instantes. Ximena aparca en el mundo de subjetividades y melancolía. En este libro habita con sus amigos en el extenso divagar de las cosas.



Nelson Guzmán, Poeta, ensayista y novelista venezolano (Cumaná, 1955), Premio Nacional de Cultura Mención Humanidades. Es doctor en filosofía (Universidad de París 8) y doctor en ciencias sociales (Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales), profesor asociado del doctorado en Ciencias Sociales y coordinador de la Unidad de Investigación sobre Hermenéutica y Filosofía del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Ha publicado los libros de poemas Ráfagas de olvido, Contertulios, Minerva está engaripolada y Zerpa pensador desde una orilla más libre, y los libros de filosofía Sociología de la mirada, Hegel, Borges, Ideología y subjetividad, La crise du logos et des utopies de la modernité y Subjectivité et idéologie.

domingo, 30 de julio de 2023

Reynaldo Pérez Só

 


(Tocuyito, 18 de noviembre de 1945-Valencia, Venezuela 30 de julio de 2023)

Poeta, traductor, cofundador y director de la Revista Poesía de la Universidad de Carabobo,  médico egresado por la misma Casa de Estudios. Entre sus publicaciones destacanPara morirnos de otro Sueño (1971); Tanmatra (1972); Nuevos Poemas (1975); 25 Poemas (1982); Matadero (1986); Fragmentos de un taller: Ars Poética (1990); Reclamo (1992); Px (Ediciones (1996); Solonbra (1998); Antología Poética (2003), Rosae rosarum (2011),  entre otros. Fue el poeta homenajeado en el 8vo Festival Mundial de Poesía del año 2011.  En el año 2020 obtuvo el Premio Nacional de Cultura Mención Literatura de su país.

3).
Poemas de Reynaldo Pérez Só:

De Para morirnos de otro sueño (1971)

1
hay lugares
                   que se prolongan
donde nuestros cuerpos
pesados se inclinan
y
una gran caída
nos estremece.

19
esta es una silla
sólo una silla
en ella
se sentó mi padre
mis hermanos
todos 
mis mejores amigos

ahora 
está sola
sin nadie

una silla.

De Tanmatra (1972)

te di alma mía
llanto
y pájaros

esperé de mi muerte otra cosa
no este barranco obscuro

alma
quizá no comprendí bien
llevé una vida alocada
y sin sentido

tampoco tú
me diste reposo.

De Matadero (1986)

me pienso
a un lado del pezón
me como
el ojo extraviado el cuello
en sudor
me extiendo me recojo me estiro

son días o noches
en la forja
primero lo crudo
siempre podrido

aunque no huela 
ni se mire

estoy en mí
claro y preciso
 
***

padre de todos los prójimos
y verdadero 
semental del gusano

enfriamiento
que soporta y nada aprende
quien luz semeja 
y es de mi propiedad

engendrador de los días
comedero de sueños
mi gula
empieza en tu sexo
y la baba es mía

***

deben trabajar 
en el matadero
fruncir la carne
sobajar los muslos
para decir el arte es mío

aprenden a dar a cambio
de otro dar a cambio
y luego forman el amasijo
del mañana

el sí sustituye
al ojo o al sentido
hasta que tasan todo
sin poder oír
el verdadero precio

***

rezumo de pobreza
en culto de deseo
no logrado
agua
limpia bajo sol para
ver fondo
no río
no
no la cosa sino la cosa
del hubiera
sido 
mejor no haber conocido mundo

palabra no vana pero pareciendo
parecida carne
en espejo

para destruirme destruyo
y me como

así descuajado por trozos
sobre la gente amada


De Solonbra (1998)

non muncho tienpo
tura el mi puerpo
ma la mi alma
los arbules kiere ainda mirar

ke no sia la tiéra
porke tiene la temor i tenbla
de saberse manko
ke
kada día i día
se mira en burakos denbajo
la mi bida

*

No dura mucho tiempo 
este cuerpo
pero mi alma
aún quiere mirar los árboles

que no sea la tierra
porque tiene miedo y tiembla de 
saberse incompleto
que
día tras día
se mira en resquicios debajo
de mi plena vida

De Rosa rosarum (2011)

Rosa plástica

los pétalos
pistilos y estambres
delicadamente expuestos
resisten sol y lluvia
intemperie de cementerios
nadie la encomía
a no ser que su perfección busque el toque
y luego el rechazo
por falta de soberbia

más tiene la de papel
y mucho las la de tela y cera
pero la de plástico
es pura a dios
dueña de camposantos

(sólo se retuerce y se destiñe
al descarnamiento de acompaña)

a Mario Abreu

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De Íntima obediencia Ximena Benítez (Editorial Giraluna, 2022)

No hay              no
hay
sentido
no hay definitiva luna
solitario pañuelo del anhelo
anhelar es venerar lo que no existe

no
cansancio asustado del desvío

a Reynaldo Pérez So

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El 28 de junio de 2023 fue la última vez que me comuniqué Reynaldo, preocupada por su salud, me contestó: "Gracias, buscando acomodarme en el tiempo" y le mandé ésta canción que su teléfono no pudo reproducir, pero que ahora hoy dejo por acá.





viernes, 21 de julio de 2023

Los abuelos de Nicaragua a Caracas. La poesía sirve para ser libre, no se posee se escapa es totalmente libre.


Ximena Benitez. Los abuelos de Nicaragua a Caracas. Serie De la memoria. Técnica mixta sobre servilleta de tela. Pintura que integra la exposición Contemporáneas, la piel de nosotras del Museo de Bellas Artes de Caracas, con curaduría de Zacarías García, texto de sala de Chemir Colina, 2023.


De la Memoria, es una serie de pinturas en pequeño formato realizadas sobre servilletas de tela bordadas, esas servilletas pertenecieron a mi abuela y forman parte de la historia familiar y la historia latinoamericana. Así la pintura Los abuelos de Nicaragua a Caracas posee caligramas dan cuenta de la transposición temporal, de los hilos que integran la tela y su bordado, de los pensamientos de las bordadoras, de los pensamientos de las mujeres que almidonaron esa tela, de momentos de aguardar, de remanso y sobresalto, del espiral que es la historia, personal y mundial que nos sobrepasa.


://correodelalba.org/2022/05/18/entrevista-a-ximena-benitez-la-poesia-sirve-para-ser-libre-no-se-posee-se-escapa-es-totalmente-libre/

Gracias a Tony González por su entrevista.


martes, 27 de septiembre de 2022

Performáticas de las memorias de Luis Marin



Museo de Bellas Artes, Luis Marín en su Performáticas de las memorias


El viernes 9 de septiembre, pasadas las 3:00 pm se presentó en el Museo de Bellas Artes el escultor Luis Marín. Allí realizó su monólogo Performáticas de las Memorias, que inició sentado en una silla, con los pies sobre una mesa dispuesta en el patio central del MBA, saboreando una copa de vino de espaldas al público que iba llegando. Luego de cierto tiempo  se escuchó que Luis Marín entonaba a capela fragmentos de la canción Alfonsina y el mar de Violeta Parra, seguidamente una canción popular sobre Margarita, Estado Nueva Esparta. 

El escultor se incorporó de frente a la audiencia y comenzó su monólogo “desde la memoria”. Se paseó por varios temas, mencionó la metodología pedagógica del Instituto de Estudios Superiores de Artes Plásticas “Armando Reverón”, incluyó recuerdos de los ejercicios plásticos presentados por sus estudiantes e hizo referencia a su historia familiar, a la historia del país, a procesos socio históricos y a su identidad como venezolano, orgulloso de serlo en Inglaterra o en cualquier lugar del mundo. 



Luis Marín hizo mención a los convencionales reconocimientos y sistemas de legitimación de la sociedad occidental, por una parte, los académicos, por la otra, el lugar de los adultos mayores dentro de la sociedad actual. Asimismo, confrontó su memoria (que tuvo eco en la de sus contemporáneos, asistentes al evento), alumbró una zona incómoda, la del paso del tiempo, la de la vejez y el sopesar los años en torno a lo acaecido y realizado, en contraste con lo que se proyectó en el pasado y con lo que se es hoy día. Mencionó y valoró metas individuales y colectivas en torno a los procesos históricos produjo reacciones en la audiencia.


El escultor Luis Marín culminó su monólogo con ésta frase: "Hay algo que se me olvida, ojalá ustedes lo puedan recordar".

Su interacción artística en el Museo de Bellas Artes de Caracas nos interpeló en torno al arte y la docencia, a la cultura y sus reconocimientos, a la venezolanidad, sentido de pertenencia en el mundo y finalmente a la relación del individuo con su tiempo y espacio.



Texto e imágenes: Ximena Benítez






Escultor Luis Marin, Ciudad Bolívar 27/12/1952. Maestro Honorario de la Universidad Nacional Experimental de las Artes. Treinta y cinco años en la docencia universitaria:


The Chelsea Scool of art: 1985-99
IUESAPAR: 1994-2008
UNEARTE: 2009-2020


Entre 1968 y 1969 realiza sus primeros estudios con Pascual Navarro. En 1977 se residencia en Inglaterra y realiza cursos libres de arte en el City Life Institute de Londres. En 1984 culmina con honores la licenciatura en escultura en la Chelsea School of Art and Design y, entre 1984 y 1985, realiza un posgrado en el mismo instituto, en historia del arte moderno. En 1985 realiza escenografías para teatro y, desde 1986, trabaja como profesor titular del Chelsea College. Es profesor de escultura del IUESAPAR desde 1994. Ha participado en exposiciones colectivas, entre las que se encuentran "Feed Back" (Canning House, Londres, 1982), "Carlos Cruz Diez and Two Young Venezuelan Artist" (Consort Gallery Imperial College, Londres, 1983), "Quatre artistes vénézuéliens" (Sala Arturo Michelena et Cristóbal Rojas, París), "The Pick of New Graduate Art" (Christie's, Londres, 1984), "1st Latin American Arts Exhibition" (Brixton Art Gallery, Londres, 1985), "Transmutación de lo orgánico" (Museo de Arte La Rinconada, Caracas, 1988), "Latins in London" (Bolívar Hall, Casa de Miranda, Londres, 1989), "From the Contemporary" (Bolívar Hall, Casa de Miranda, Londres, 1990), "Art Express" (The Mall Gallery, Londres, 1991), "My Day View" (The Willesden Gallery, Londres, 1992), Gran Premio Bienal Dimple 15 Años (MACCSI, 1994), "La intimidad" (Espacios Unión, Caracas, 1995) y "La escultura de espacio urbano" (MACCSI, 1999).


  • 1984 "Primera individual", New End Theatre, Londres
  • 1985 "One Woman, One Man Show", Every Man Theatre, Liverpool, Inglaterra
  • 1986 "Who Will Survive", Galería Hanover I y II, Liverpool, Inglaterra
  • 1988 "De allá para acá", Los Espacios Cálidos
  • 1989 "Esculturas", Galería Kodak, Caracas
  • 1990 "New Sculpture", Bolívar Hall, Casa de Miranda, Londres
  • 1991 The New Studio Open Show, Londres
  • 1992 Galería Duryni, Londres
  • 1993 "Sculpture Exhibition", Galería Duryni, Londres
  • 1994 "Evoluciones", Galería Zibrowius, Caracas
  • 1995 "Alterna", Galería Alternativa Caracas / "The Nex to One Man Show", Londres
  • 1996 "Individual", Re Argyll, Londres
  • 2000 "Una individual", Sala RG





 






domingo, 28 de agosto de 2022

La muerte, otro Eco breve por Alejandro Cardozo Uzcátegui

 


      Efraín Valenzuela (1956-2022)

 

Poeta Efraín Valenzuela, irrompible. El poeta, desde Grecia, además de vaticinador, debía ser valiente, irreverente claro. Blasón acerado de la verdad, así fuera la suya propia. Ha pasado arena desde entonces, pensar conocer al poeta animoso, libre del miedo, hombre o mujer indiscutible y auténtico no es una pesquisa rápida. Efraín Valenzuela fue todo eso. A diferencia de Píndaro nunca tiró el escudo y la lanza a minutos de la ineluctable batalla; todas las refriegas y guerras eran para Efraín cosa del honor. El honor, valor y sentimiento hoy en desuso, fue para Efraín el número de su cédula y su clave personal. Honor, es la cualidad representativa de Efraín. Su verdad, propia, caprichosa, violenta a veces –la más de las veces– era una muralla de imperios. Más honorable, más poeta, más justo todavía, cuando veía honorabilidad en otra verdad: la reconocía y callaba su verbo de guerra para aceptarla con gusto por ver virtud en la otra persona. Fue mi experiencia, disentí en el gran tema de Venezuela, y respetó mi versión de la vida porque entre la dignidad de otras verdades navegábamos.

El último poeta. Unas hojas impresas de borradores de poemas suyos en modo de prueba en un maletín en el bar La Catedral, debajo de la esquina Gradillas, al final de la barra, al frente una botella de vino tinto, Efraín seguía trabajando sus textos. El algoritmo perfecto se buscaba tachando o agregando piezas del idioma. En la fiesta cotidiana, que para mi era el momento de la gran fiesta, acaso para Efraín era otra tarde más; recitaba –no los suyos– de memoria versos memoriales de otros vates. La anécdota de otros años mejores para la llamada ‘bohemia’ también. La crítica a los sin-sustancia y sin-honor era otro apartado importante de la fiesta. El falso poeta era centro de diana en la barra de La Catedral. La hollywoodiense política venezolana también, otro artefacto añadido. Bajábamos de la cruz del martirio de César Vallejo y Roque Dalton a uno y a otro poeta, elevábamos a otros, él decidía dentro de su estricto código. No discrepé jamás, el electrificado magnetismo de su brújula era preciso. Exegético, jacobino, agradecido con los amigos para enriquecer su código, pero no contradictorio como suele ser el agradecimiento.

Me acompañó en los momentos extremos de la carretera: una vez presentamos un libro mío que el protocolo marcaba un bautizo con los hermosos pétalos de las flores; me advirtió Efraín que debía hacerse con vino, que estaba salvando mi destino con esta irrupción, y así se hizo. Me acompañó a cantarle poemas a un paria de la política que murió en la tragedia que mueren los poetas, y así lo hizo, como si fuera su propio duelo, porque percibió que la soledad política, la ausencia del boato era la última elegía. La soledad en los momentos de la épica cotidiana es otra cara del vivir con honor. Un 31 de diciembre (la navidad y las celebraciones siguientes era la gran fiesta de Efraín) ante la soledad heroica, nos fuimos a la casa de otros solitarios míos e, inesperadamente, como si García Márquez escribiera el guión, llegaron cinco o nueve primas terceras, y Efraín dijo “llegó un tropel de piernas”, metáfora exacta para sentir que salvábamos la fecha con la gritería de las mujeres que vienen a rescatar al hombre de todas sus derrotas y necedades.  

Pero no es un anecdotario de andanzas, porque no termino este arrebatado responso. Es explicar lo que todos en su círculo saben: un poeta vive y muere como tal, y hoy Efraín Valenzuela lo logró, inesperadamente, súbitamente, para el malestar profundo de todos los que leímos, escuchamos y vivimos su poesía y su amistad, un binomio inmanente en estas circunstancias.

Su poesía. Su libro homónimo de su poema más famoso, Letras de asfalto, es un gran poemario, no sé si el primero en estilo –sé que no el último por ser yo mismo subsidiario de esa forma– sobre lo cotidiano y estético de las formas extremas y periféricas de la urbe. El poema, “Letras de asfalto” es ese sagrado momento que todos entendemos, vivimos y –ni siquiera– sabíamos que se podía cantar: 


(…) En mi Barrio

los pipotes de basura son sonoros

y algo de pestilencia erótica me anima

Cada familia tiene su loco

y las viejas utilizan un poco de cloro o de lejía

para espantar nostalgias de otros tiempos

En mi Barrio

las muchachas son asiduas visitantes de la maternidad

y nunca se les conoce marido (…)”

 

Ecos breves, libro de axiomas y renaceres de los cotidiano y eternal, donde el eco no es solo el efecto entre grandes montañas sino lo que responde esa pregunta al grito que no es repetición sino, precisamente, eco: respuesta con preguntas; trasportó al creador poeta a los escenarios metafísicos de la filosofía con los atajos del poema, los que solo el poema permite. Ambos libros fueron leídos y comentados por Lubio Cardozo y quien escribe en otras jornadas de despedida y muerte.

Efraín Valenzuela enseñó a sus contertulios sobre el honor y sobre el honor de ser poeta. Sus verdades políticas eran pasionales y leales, nos separamos en cuanto a las resultas de esas verdades, pero no sobre su esencia. Tal vez ahí el ánimo de eternidad de este afecto que hoy se pone a prueba con este duelo. El poeta Efraín Valenzuela fue un gran poeta, uno de verdad, y claro, fue un arrecho, con los perfiles sonoros y estridentes de ese vocablo en Venezuela. Él no “amaba” Venezuela –se timbraría de lo cursi, como vendrán otros responsos más de mármol blanco–, pero amaba las circunstancias, transitorias, coyunturales de lo que debía ser justo, seguramente, en otra conversación que no pudo darse, me diría no llegaron jamás al territorio donde escribió grandes poemas, donde vivió y murió como poeta entero.

Que descanse en paz. Otro alero esencial de Efraín fue su inquebrantable fe católica. Diácono, faltó solo un paso para asumir la sotana. Hizo todo el tránsito para ser sacerdote pero las esquinas sagradas de vivir lo volvieron al bosque del hombre. Eso no lo alejó de esa forma de vivir, consagró el vino como exactitud milenaria, milenarista casi. Cada vez que pudo empinó la sagrada bebida como lo piden los dioses, su Dios, particularmente. Bendecía sin herejía al final de la fiesta como quien despide la misa en el presbiterio. Sabía cada parte de la Liturgia y era un añadido de su poesía o, la poesía era el faltante de su fe, no sabremos. La sinceridad de su búsqueda no estaba frustrada por un cambio de planes, esa búsqueda espiritual le otorgó sentido a sus planes de vivir en la poesía. Fue un sacerdote de Jesucristo y de Baco sin enfadar a nadie, ni a deidad alguna, griegos y judíos felices con Efraín. La cosa es ser honesto en el ritual, y eso permitió que se confundiera, sin contradicción, religión con arte ¿o el arte del orar es de poetas?

            Efraín siempre descansó en paz. No hablo de los demonios que nos quitan el aliento, hablo de que al final esos demonios fueron aplacados por el poeta y el sortilegio de su verdad. Los demonios no eran su motivo de creación –apenas algunos demonios terrestres, mundanos, los falsos– los motivos de su creación eran la “alegranza”, entre sus favoritas palabras; y para exorcismo expulsaba de su corazón a los falsos, sentencia tribunalicia preferida del poeta: “Está expulsado de mi corazón”, así extraditaba a todos aquellos nefastos de la república de su ser.

Buen viento poeta Efraín Valenzuela, admirador de la belleza y de la justicia en sus laberínticas formas.

 

 

Alejandro Cardozo Uzcátegui, 

en el virreino más cercano, el 28 de agosto de 2022.

 

 

 

 

 

jueves, 25 de agosto de 2022

Nélida Mosquera, S&M y algo más

 


Nélida Mosquera (Argentina,1949-Caracas, agosto de 2022)

                                                                                                    Imagen: Rebeca Martínez García


                                                                                         
Conocí a Nélida Mosquera por poeta César Rodríguez, fue en el año 2003 en Chacaíto, Caracas. Pronto visité su casa y tuve el privilegio de ver su trabajo como editora de S&M, eran las iniciales de su apellido y el de Alejandro Salas, el poeta y traductor. Tanto Nélida como Alejandro estudiaron artes plásticas.

En ese momento Nélida aún no había perdido la vista. La conocí como una mujer sencilla y compleja a la vez, era una dama preciosa, aún a sus años de una gran sensualidad. Me contó como Alejandro lanzaba por la ventana los grabados cuando no estaban bien. Ambos eran de un perfeccionismo enorme. Y no era para menos, lograron diseñar y editar verdaderos tesoros bibliográficos en los que se vinculaban los escritores (con su literatura y su caligrafía) y grabados de artistas plásticos venezolanos. Así editaron Autorretrato en espejo convexo (1988) de John Ashbery, Charles Meyon por Alejandro Salas (1988), Poesía-Pintura (1990) de Santos López y Miguel Von Dangel,  Poesía-Fotografía de Juan Liscano y Nélida Mosquera, Kurt Leonhard-Luisa Richter (1991), Ensayo sobre grabadores de Charles Baudelaire (1992), Poemas-Antología de Anne Sexton (1994) y La barca de la muerte de D.H. Lawrence (1995).

Por el año 2007 Nélida dictó una conferencia y un seminario en el Instituto de Estudios Superiores de Artes Plásticas Armando Reverón (actual UNEARTE), allí compartió con los estudiantes de artes plásticas del momento.

Comprendí al conocer a Nélida muchas cosas sobre la feminidad, sobre el rol de una artista, de una artista madre y lo que vivió cuando ella viajó fuera de su país. Me contó en una imagen bella y terrible que una vez, en un viaje se excedió en el peso del equipaje y tuvo que ofrecerle una pequeña y hermosa caja a una muchacha en el aeropuerto, era algo precioso para ella y tuvo que desprenderse de eso en ese momento. Era algo así como si el tránsito de las distancias y las transformaciones te obligaran a dejar algo preciado. Que había que seguir, continuar, a pesar de todo. Como hoy, cuando César Rodríguez me comunica su partida física y me cuenta sobre los poemas que le escribió a ella, su maestra.

Caracas, 25 de agosto de 2022


viernes, 7 de enero de 2022

Sobre Lubio Cardozo


Lubio Cardozo (Caracas, 26 de mayo de 1938-Mérida, Venezuela, 22 de noviembre de 2021)

Los Rubaiyyat de Omar Jayyan me llevaron a conocer a Lubio Cardozo. Fue en el año 2004 en Caracas, estaba iniciando las ediciones de la Colección Poesía del Mundo del Ministerio de la Cultura, trabajaba desde un cubículo situado en la Sección de Libros Raros y Manuscritos de la Biblioteca Nacional, ese espacio estaba dirigido por el poeta  Gabriel Saldivia. 

Mi trabajo era consultar la biblioteca, ubicar los libros que debían reeditarse en nuestro país y conseguir un escritor venezolano que conociera a profundidad la obra a editar para realizarle un prólogo. Varios poetas me refirieron como conocedor de los Rubaiyyat al profesor Cardozo, conseguí su número de teléfono y lo llamé. Me respondió una voz amable, vital y sabia. Así iniciamos una entrañable amistad. Lubio Cardozo era un poeta, un estudioso, de la vida, de la literatura, de la historia, del alma humana. No tuvimos la oportunidad de vernos los ojos, pero él se interesó por mi escritura y trabajo plástico. Mantuvimos contacto telefónico.


Un día el poeta Lubio me dijo que su hijo Alejandro estaba en Caracas. Fui a conocer al hijo del poeta y descubrí a otro poeta, un historiador, un hombre maravilloso y antiguo (y eso que era menor que yo). Nos reunimos con nuestras familias, recorrimos Caracas, vivimos las contradicciones de la política, sus reveses, las luces y sombras de nuestro continente, de Venezuela, de las generaciones que nos precedieron, de nuestros antepasados vascos, del cielo y el infierno. Reímos, lloramos, nos vimos. Alejandro se fue a España a realizar un doctorado y comenzaron a llegar sus postales, como las cartas de Lubio, a puño y letra, los sitios, los recorridos, la conciencia del tiempo y el detalle por los amigos. El carácter, la huella.

El pasado noviembre de 2021 Alejandro, me mandó unos audios de él y de Lubio, leyendo mi poesía. El sabio Lubio leyendo Costuras de Familia. ¡Que honor, que privilegio acompañar a estos dos poetas en ese momento! No pude escribir nada desde entonces. Porque en momentos definitivos como ese, a mí me falla la prontitud para expresarme, quedé perpleja. Por eso hoy escribo esta nota, más para decir que he sido testigo privilegiado de conocer estos dos poetas, estos dos amigos hermosos. Lubio que se marchó consciente de sí, de la historia, de su familia, pleno de amor e infinitud el 22 de noviembre de 2021. Y Alejandro mi admirado poeta e historiador, fuerte portador de razón y belleza.

Abro este 2022 con este regalo que nos dejó Lubio, hace mucha falta leerlo, se necesita tiempo y madurez para comprender lo que nos lega. Es necesaria y muy pertinente una edición impresa que compile su obra completa. 


2021 
(Editado por el poeta Gonzalo Fragui)





Otros de los libros de Lubio Cardozo:



1992



1993


1994


1995


2010




Lubio Cardozo: 

Nació en Caracas el 26 de mayo de 1938. Licenciado en Letras (Universidad Central de Venezuela, 1964), Realizó un postgrado en investigación documental en la Escuela de Documentalistas de Madrid (1972-74). Profesor Titular Jubilado de la Universidad de los Andes. Director de la Escuela de Letras de la Facultad de Humanidades de la ULA (1975-1976). Director Fundados del Instituto de Investigaciones Literarias Gonzalo Picón Febres de la misma Universidad (1977-1979). Decano de la Facultad de humanidades de la Universidad de Los Andes (1979-1981). Lubio Cardozo fue un estudioso de la literatura y las humanidades. Escribió ensayos, poesía y narrativa. Falleció el 22 de noviembre de 2021 en la ciudad de Mérida Venezuela.