El 28 de junio de 2023 fue la última vez que me comuniqué Reynaldo, preocupada por su salud, me contestó: "Gracias, buscando acomodarme en el tiempo" y le mandé ésta canción que su teléfono no pudo reproducir, pero que ahora hoy dejo por acá.
De "luna", "sol" y "soledad". Se muestran zonas, tejidos, relaciones de vida, literatura y sociedad
El 28 de junio de 2023 fue la última vez que me comuniqué Reynaldo, preocupada por su salud, me contestó: "Gracias, buscando acomodarme en el tiempo" y le mandé ésta canción que su teléfono no pudo reproducir, pero que ahora hoy dejo por acá.
Ximena Benitez. Los abuelos de Nicaragua a Caracas. Serie De la memoria. Técnica mixta sobre servilleta de tela. Pintura que integra la exposición Contemporáneas, la piel de nosotras del Museo de Bellas Artes de Caracas, con curaduría de Zacarías García, texto de sala de Chemir Colina, 2023.
De la Memoria, es una serie de pinturas en pequeño formato realizadas sobre servilletas de tela bordadas, esas servilletas pertenecieron a mi abuela y forman parte de la historia familiar y la historia latinoamericana. Así la pintura Los abuelos de Nicaragua a Caracas posee caligramas dan cuenta de la transposición temporal, de los hilos que integran la tela y su bordado, de los pensamientos de las bordadoras, de los pensamientos de las mujeres que almidonaron esa tela, de momentos de aguardar, de remanso y sobresalto, del espiral que es la historia, personal y mundial que nos sobrepasa.
Gracias a Tony González por su entrevista.
The Chelsea Scool of art: 1985-99
IUESAPAR: 1994-2008
UNEARTE: 2009-2020
Entre 1968 y 1969 realiza sus primeros estudios con Pascual Navarro. En 1977 se residencia en Inglaterra y realiza cursos libres de arte en el City Life Institute de Londres. En 1984 culmina con honores la licenciatura en escultura en la Chelsea School of Art and Design y, entre 1984 y 1985, realiza un posgrado en el mismo instituto, en historia del arte moderno. En 1985 realiza escenografías para teatro y, desde 1986, trabaja como profesor titular del Chelsea College. Es profesor de escultura del IUESAPAR desde 1994. Ha participado en exposiciones colectivas, entre las que se encuentran "Feed Back" (Canning House, Londres, 1982), "Carlos Cruz Diez and Two Young Venezuelan Artist" (Consort Gallery Imperial College, Londres, 1983), "Quatre artistes vénézuéliens" (Sala Arturo Michelena et Cristóbal Rojas, París), "The Pick of New Graduate Art" (Christie's, Londres, 1984), "1st Latin American Arts Exhibition" (Brixton Art Gallery, Londres, 1985), "Transmutación de lo orgánico" (Museo de Arte La Rinconada, Caracas, 1988), "Latins in London" (Bolívar Hall, Casa de Miranda, Londres, 1989), "From the Contemporary" (Bolívar Hall, Casa de Miranda, Londres, 1990), "Art Express" (The Mall Gallery, Londres, 1991), "My Day View" (The Willesden Gallery, Londres, 1992), Gran Premio Bienal Dimple 15 Años (MACCSI, 1994), "La intimidad" (Espacios Unión, Caracas, 1995) y "La escultura de espacio urbano" (MACCSI, 1999).
Poeta Efraín Valenzuela,
irrompible. El poeta, desde Grecia, además de vaticinador, debía ser valiente,
irreverente claro. Blasón acerado de la verdad, así fuera la suya propia. Ha
pasado arena desde entonces, pensar conocer al poeta animoso, libre del miedo,
hombre o mujer indiscutible y auténtico no es una pesquisa rápida. Efraín
Valenzuela fue todo eso. A diferencia de Píndaro nunca tiró el escudo y la
lanza a minutos de la ineluctable batalla; todas las refriegas y guerras eran
para Efraín cosa del honor. El honor, valor y sentimiento hoy en desuso, fue
para Efraín el número de su cédula y su clave personal. Honor, es la cualidad representativa
de Efraín. Su verdad, propia, caprichosa, violenta a veces –la más de las
veces– era una muralla de imperios. Más honorable, más poeta, más justo
todavía, cuando veía honorabilidad en otra verdad: la reconocía y callaba su
verbo de guerra para aceptarla con gusto por ver virtud en la otra persona. Fue
mi experiencia, disentí en el gran tema de Venezuela, y respetó mi versión de
la vida porque entre la dignidad de otras verdades navegábamos.
El último poeta. Unas hojas
impresas de borradores de poemas suyos en modo de prueba en un maletín en el
bar La Catedral, debajo de la esquina Gradillas, al final de la barra, al
frente una botella de vino tinto, Efraín seguía trabajando sus textos. El
algoritmo perfecto se buscaba tachando o agregando piezas del idioma. En la
fiesta cotidiana, que para mi era el momento de la gran fiesta, acaso para Efraín
era otra tarde más; recitaba –no los suyos– de memoria versos memoriales de
otros vates. La anécdota de otros años mejores para la llamada ‘bohemia’
también. La crítica a los sin-sustancia y sin-honor era otro apartado
importante de la fiesta. El falso poeta era centro de diana en la barra de La
Catedral. La hollywoodiense política venezolana también, otro artefacto
añadido. Bajábamos de la cruz del martirio de César Vallejo y Roque Dalton a
uno y a otro poeta, elevábamos a otros, él decidía dentro de su estricto
código. No discrepé jamás, el electrificado magnetismo de su brújula era
preciso. Exegético, jacobino, agradecido con los amigos para enriquecer su
código, pero no contradictorio como suele ser el agradecimiento.
Me acompañó en los momentos
extremos de la carretera: una vez presentamos un libro mío que el protocolo
marcaba un bautizo con los hermosos pétalos de las flores; me advirtió Efraín
que debía hacerse con vino, que estaba salvando mi destino con esta irrupción,
y así se hizo. Me acompañó a cantarle poemas a un paria de la política que
murió en la tragedia que mueren los poetas, y así lo hizo, como si fuera su
propio duelo, porque percibió que la soledad política, la ausencia del boato
era la última elegía. La soledad en los momentos de la épica cotidiana es otra
cara del vivir con honor. Un 31 de diciembre (la navidad y las celebraciones
siguientes era la gran fiesta de Efraín) ante la soledad heroica, nos fuimos a
la casa de otros solitarios míos e, inesperadamente, como si García Márquez
escribiera el guión, llegaron cinco o nueve primas terceras, y Efraín dijo “llegó
un tropel de piernas”, metáfora exacta para sentir que salvábamos la fecha con
la gritería de las mujeres que vienen a rescatar al hombre de todas sus
derrotas y necedades.
Pero no es un anecdotario
de andanzas, porque no termino este arrebatado responso. Es explicar lo que
todos en su círculo saben: un poeta vive y muere como tal, y hoy Efraín
Valenzuela lo logró, inesperadamente, súbitamente, para el malestar profundo de
todos los que leímos, escuchamos y vivimos su poesía y su amistad, un binomio
inmanente en estas circunstancias.
Su poesía. Su libro homónimo de su poema más famoso, Letras de asfalto, es un gran poemario, no sé si el primero en estilo –sé que no el último por ser yo mismo subsidiario de esa forma– sobre lo cotidiano y estético de las formas extremas y periféricas de la urbe. El poema, “Letras de asfalto” es ese sagrado momento que todos entendemos, vivimos y –ni siquiera– sabíamos que se podía cantar:
los pipotes de basura son sonoros
y algo de pestilencia erótica me anima
Cada familia tiene su loco
y las viejas utilizan un poco de cloro
o de lejía
para espantar nostalgias de otros
tiempos
En mi Barrio
las muchachas son asiduas visitantes
de la maternidad
y nunca se les conoce marido (…)”
Ecos breves, libro de axiomas y
renaceres de los cotidiano y eternal, donde el eco no es solo el efecto entre
grandes montañas sino lo que responde esa pregunta al grito que no es repetición
sino, precisamente, eco: respuesta con preguntas; trasportó al creador poeta a
los escenarios metafísicos de la filosofía con los atajos del poema, los que
solo el poema permite. Ambos libros fueron leídos y comentados por Lubio
Cardozo y quien escribe en otras jornadas de despedida y muerte.
Efraín Valenzuela enseñó a
sus contertulios sobre el honor y sobre el honor de ser poeta. Sus verdades
políticas eran pasionales y leales, nos separamos en cuanto a las resultas de
esas verdades, pero no sobre su esencia. Tal vez ahí el ánimo de eternidad de
este afecto que hoy se pone a prueba con este duelo. El poeta Efraín Valenzuela
fue un gran poeta, uno de verdad, y claro, fue un arrecho, con los perfiles
sonoros y estridentes de ese vocablo en Venezuela. Él no “amaba” Venezuela –se
timbraría de lo cursi, como vendrán otros responsos más de mármol blanco–, pero
amaba las circunstancias, transitorias, coyunturales de lo que debía ser justo,
seguramente, en otra conversación que no pudo darse, me diría no llegaron jamás
al territorio donde escribió grandes poemas, donde vivió y murió como poeta
entero.
Que descanse en paz. Otro
alero esencial de Efraín fue su inquebrantable fe católica. Diácono, faltó solo
un paso para asumir la sotana. Hizo todo el tránsito para ser sacerdote pero
las esquinas sagradas de vivir lo volvieron al bosque del hombre. Eso no lo
alejó de esa forma de vivir, consagró el vino como exactitud milenaria,
milenarista casi. Cada vez que pudo empinó la sagrada bebida como lo piden los
dioses, su Dios, particularmente. Bendecía sin herejía al final de la fiesta
como quien despide la misa en el presbiterio. Sabía cada parte de la Liturgia y
era un añadido de su poesía o, la poesía era el faltante de su fe, no sabremos.
La sinceridad de su búsqueda no estaba frustrada por un cambio de planes, esa
búsqueda espiritual le otorgó sentido a sus planes de vivir en la poesía. Fue
un sacerdote de Jesucristo y de Baco sin enfadar a nadie, ni a deidad alguna,
griegos y judíos felices con Efraín. La cosa es ser honesto en el ritual, y eso
permitió que se confundiera, sin contradicción, religión con arte ¿o el arte
del orar es de poetas?
Efraín
siempre descansó en paz. No hablo de los demonios que nos quitan el aliento,
hablo de que al final esos demonios fueron aplacados por el poeta y el
sortilegio de su verdad. Los demonios no eran su motivo de creación –apenas
algunos demonios terrestres, mundanos, los falsos– los motivos de su creación
eran la “alegranza”, entre sus favoritas palabras; y para exorcismo expulsaba
de su corazón a los falsos, sentencia tribunalicia preferida del poeta: “Está
expulsado de mi corazón”, así extraditaba a todos aquellos nefastos de la
república de su ser.
Buen viento poeta Efraín
Valenzuela, admirador de la belleza y de la justicia en sus laberínticas
formas.
Alejandro Cardozo Uzcátegui,
en el
virreino más cercano, el 28 de agosto de 2022.
Los Rubaiyyat de Omar Jayyan me llevaron a conocer a Lubio Cardozo. Fue en el año 2004 en Caracas, estaba iniciando las ediciones de la Colección Poesía del Mundo del Ministerio de la Cultura, trabajaba desde un cubículo situado en la Sección de Libros Raros y Manuscritos de la Biblioteca Nacional, ese espacio estaba dirigido por el poeta Gabriel Saldivia.
Mi trabajo era consultar la biblioteca, ubicar los libros que debían reeditarse en nuestro país y conseguir un escritor venezolano que conociera a profundidad la obra a editar para realizarle un prólogo. Varios poetas me refirieron como conocedor de los Rubaiyyat al profesor Cardozo, conseguí su número de teléfono y lo llamé. Me respondió una voz amable, vital y sabia. Así iniciamos una entrañable amistad. Lubio Cardozo era un poeta, un estudioso, de la vida, de la literatura, de la historia, del alma humana. No tuvimos la oportunidad de vernos los ojos, pero él se interesó por mi escritura y trabajo plástico. Mantuvimos contacto telefónico.
Escultor Luis Marin, Ciudad Bolívar 27/12/1952. Maestro Honorario de la Universidad Nacional Experimental de las Artes. Treinta y cinco años en la docencia universitaria:
The Chelsea Scool of art: 1985-99
IUESAPAR: 1994-2008
UNEARTE: 2009-2020
Entre 1968 y 1969 realiza sus primeros estudios con Pascual Navarro. En 1977 se residencia en Inglaterra y realiza cursos libres de arte en el City Life Institute de Londres. En 1984 culmina con honores la licenciatura en escultura en la Chelsea School of Art and Design y, entre 1984 y 1985, realiza un posgrado en el mismo instituto, en historia del arte moderno. En 1985 realiza escenografías para teatro y, desde 1986, trabaja como profesor titular del Chelsea College. Es profesor de escultura del IUESAPAR desde 1994. Ha participado en exposiciones colectivas, entre las que se encuentran "Feed Back" (Canning House, Londres, 1982), "Carlos Cruz Diez and Two Young Venezuelan Artist" (Consort Gallery Imperial College, Londres, 1983), "Quatre artistes vénézuéliens" (Sala Arturo Michelena et Cristóbal Rojas, París), "The Pick of New Graduate Art" (Christie's, Londres, 1984), "1st Latin American Arts Exhibition" (Brixton Art Gallery, Londres, 1985), "Transmutación de lo orgánico" (Museo de Arte La Rinconada, Caracas, 1988), "Latins in London" (Bolívar Hall, Casa de Miranda, Londres, 1989), "From the Contemporary" (Bolívar Hall, Casa de Miranda, Londres, 1990), "Art Express" (The Mall Gallery, Londres, 1991), "My Day View" (The Willesden Gallery, Londres, 1992), Gran Premio Bienal Dimple 15 Años (MACCSI, 1994), "La intimidad" (Espacios Unión, Caracas, 1995) y "La escultura de espacio urbano" (MACCSI, 1999).