martes, 5 de abril de 2016

Esta manía de coleccionar espejos



Fotografía: Chema Madoz



esta manía de coleccionar espejos
de deleitarme ante sus variadas formas
de guardarlos bien pulidos uno a uno en sus estuches

dolorosa traición del que sin dientes
se mira a media luz
en espejos rotos
fraccionada sangra la intriga
por la raja apacible y eficaz del azogue

manos temblorosas tuercen tan deplorable sustento
manos tiemblan por el odio que

guía la envidia


Ximena Benítez 
de Temporales en Extramuros, en Zona Ubicua
Fondo Editorial Ipasme, Caracas 2007.

domingo, 20 de marzo de 2016

Zurcido invisible

   





   Zurcido invisible


Para recomponer los tejidos
se debe saber
de qué tiempo es cada hebra
paciencia y fuerza
para unir los delicados hilos

Si falta mucha tela
habrá que sustituir
entonces
se buscan hilos parecidos
colores similares
si lo que falta es tan grande
como si pareciera que no podrían haber puentes jamás
que es tan honda y definitiva la laguna portentosa
habrá que respirar  y seguir
mirar la sonrisa de la niña y seguir
así resolverás puntada a puntada lo vital
sin prisas
ni tanto vértigo ante los abismos

Nada -o casi nada- volverá al armario
todo se verá fresco
como las recién cortadas flores
que se asoman del delicado cristal
sobre el mantel bordado de la bisabuela
sobre la olorosa rosa de los días con su sol
  




(Ximena Benítez, de Costuras de Familia, Caracas, 2010)

domingo, 7 de febrero de 2016

Sobre Rubén Darío



Rubén Darío

(Metapa, hoy Ciudad Darío, Matagalpa18 de enero de 1867- León, 6 de febrero de 1916)


Los poemas de Rubén Darío los conocí antes de saber hablar, me los leía Theomar Vargas, mi mamá; luego de darme el tetero antes de dormir la siesta, (alternaba los poemas de Darío, con  los de Nicolás Guillén y Vicente Huidobro). A los seis años más o menos me sabía la "Sonatina" y recordaba fragmentos de la "Marcha Triunfal". A los diez años me leyó "A Roosevelt" y  el poema "Filosofía", a los doce años cuando me descubrió a César Vallejo, me mostró el libro "La Dramática Vida de Rubén Darío" y juntas leímos el "Responso para un poeta descuartizado" del Gran Cocodrilo, el poeta mexicano Efraín Huerta. Así la comprensión de la musicalidad, del ritmo en mis poemas se los debo esencialmente a Darío y a Guillén. 

Hoy a 100 años de la muerte física de Rubén Darío escribo estas palabras para dejar constancia de mi cercanía con su obra poética, esta nota afectiva y autobiográfica para el poeta que escribía a los niños siendo adulto y que empezó a escribir poesía desde muy niño, al monstruo Darío, al genio nicaragüense, al solitario sensible, al tan cercano amigo leído por mis abuelos, dado a ellos por los dictadores más temibles, y  dicho de los labios de una niña que paseaba por las fiestas del palacio para ir a dormir después de "ver la fiesta" (era mamá de cuatro años de la mano de Somoza). Ella que recitaba "Margarita" y que al crecer y tener a su hija también alimentó con poesía. 

La obra de Darío no sólo está en la estatua de la plaza que lleva su nombre, su palabra une generaciones y "suavizó" por así decirlo mi comprensión de la política, de los afectos y las diferencias, de las épocas y las contradicciones humanas. ¡Viva la poesía de Rubén Darío leída por los pueblos Nuestroamericanos, por todas las niñas y niños, por las fieras y pichones de poeta! 


Ximena Benítez
Caracas, 6 de febrero de 2016





Ofrenda floral en plaza Rubén Darío en Managua, (el tercero de derecha a izquierda) 
el Teniente Coronel Julio César Vargas embajador de Venezuela en Nicaragua, mi abuelo materno, año 1951


Acá les dejo uno de los mejores poemas escritos en nuestro idioma para Rubén Darío, del poeta mexicano Efraín Huerta en el año 1967, centenario del nacimiento de Darío


Responso por un poeta descuartizado


Claro está que murió —como deben morir los poetas,
    maldiciendo, blasfemando, mentando madres,
viendo apariciones, cobijado por las pesadillas.
Claro que así murió y su muerte resuena en las malditas
    habitaciones donde perros, orgías, vino griego, prostitutas
    francesas, donceles y príncipes se rinden
y le besan los benditos pies;
porque todo en él era bendito como el mármol de La Piedad
y el agua de los lagos, el agua de los ríos y los ríos de alcohol
    bebidos a pleno pulmón,
así deben beber los poetas: Hasta lo infinito, hasta la negra
    noche y las agrias albas
y las ceremonias civiles y las plumas heridas del artículo
    a que te obligan,
la crónica que nunca hubieras querido escribir
y los poemas rubíes, los poemas diamantes,
    los poemas huesolabrado, los poemas
floridos, los poemas toros, los poemas posesión, los poemas
    rubenes, los poemas daríos, los poemas madres,
    los poemas padres, tus poemas...

Y así le besaban los pies, la planta del pie que recorrió
    los cielos y tropezó mil y un infiernos
al sonido siringa de los ángeles locos y los demonios
    trasegando absintio
(El chorro de agua de Verlaine estaba mudo), ante el azoro
    y la soberbia estupidez de los cónsules y los dictadores,
    la chirlería envidiosa y la espesa idiotez de las gallinas
    municipales.
Maldiciendo, claro, porque en la agonía estaba en su derecho
    y porque qué jodidos (¡Jure, jodido!,
dijo Rubén al niño triste que oyó su  testamento), ¿por qué
    no morir de alcholes de todo el mundo si todo el mundo es
    alcohol y la llama lírica es la mirada de un niño con la cara
    de un lirio?
Resollaba y gemía como un coloso crisoelefantino
hecho de luces y tinieblas, pulido por el aire de los Andes,
    la neblina de los puertos, el ahogo de Nueva York,
    la palabra española, el duelo de Machado, Europa
    sin su pan.
Rugía impuramente como deben rugir todos los poetas
    que mueren (¡Qué horror, mi cuerpo
destrozado!) 

y los médicos: Aquí hay pus, aquí hay pus —y nunca
    le hallaron nada sino dolor en la piel
limpios los riñones heroicos, limpio el hígado, limpio
    y soberbio el corazón
y limpiamente formidable el cerebro que nunca se detuvo,
    como un sol escarlata, como un sol de esmeraldas, como
    la mansión de los dioses, como el penacho de un
    emperador azteca, de un emperador inca, de un guerrero
    taíno;
cerebro de un amante embriagado a la orilla de un dulcísimo
    cuerpo, ay, de mieles y nardos
(su peso: mil ochocientos cincuenta gramos: tonelaje de poeta
   divino, anchura de navio),
el cerebro donde estallaron los veintiún cañonazos
    de la fortaleza de Acosasco
y que luego...

Claramente, turbiamente hablando, hubo necesidad
    de destrozarlo, enteramente destazarlo como a una fiera
    selvática, como al toro americano
porque fue mucho hombre, mucho poeta, mucho vida,
    muchísimo universo
necesariamente sus vísceras tenían que ser universales,
    polvo a los cuatro vientos, circunvoluciones repletas
    de piedad, henchidas de amor y de ternura.
Aquí el hígado y allá los riñones.
¡Dame el corazón de Rubén! Y el cerebro peleado, de garra
    en garra como un puñado de perlas.
Aquel cerebro (¡salud!) que contó hechicerías y fue sacado
    a la luz antes del alba;
y por él disputaron y por él hubo sangre en las calles
    y la policía dijo, chilló, bramó:
¡A la cárcel! Y el cerebro de Rubén Darío —mil ochocientos
    cincuenta gramos—
 fue a dar a la cárcel

y fue el primer cerebro encarcelado, el primer cerebro entre
    rejas, el primer cerebro en una celda,
la primera rosa blanca encarcelada, el primer cisne degollado.

Lo veo y no lo creo: ardido por esa leña verde,
    por esa agonía de pirámide arrasada,
el poeta que todo lo amó
cubría su pecho con el crucifijo, el crucifijo, el suave crucifijo,
    el Cristo de marfil que otro poeta agónico le regalara
    —Amado Nervo—
y me parece oír cómo los dientes le quemaban y de qué
    manera se mordía la lengua y la piel se le ponía violácea
nada más porque empezaba a morir,
nada más porque empezaba a santificarnos con su muerte y
    su delirio, sus blasfemias, sus maldiciones, su testamento,
y nada más porque su cerebro tuvo que andar de garra
    en mano y de mano en garra
hasta parecer el ala de un ángel,
la solar sonrisa de un efebo,
la sombra de recinto de todos los poetas vivos,
de todos los poetas agonizantes,
              de todos los poetas.




Efraín Huerta, 19 de enero de 1967





domingo, 27 de diciembre de 2015

Lunisolio cumple un año en Internet





La palabra Lunisolio viene de Luna, Sol y Soledad, fue el nombre de un performance que realicé en los talleres de escultura del Instituto de Estudios Superiores de Artes Plásticas Armando Reverón, hoy Unearte en Caracas, corría el año de 1999, esa obra fue el resultado de una solicitud que me hizo el maestro escultor Luis Marín, mi profesor. 

Desde entonces el nombre de Lunisolio me ha acompañado, mis direcciones de email llevan ese nombre y este mi blog, también. En algún momento contaré cómo se gestó ese performance que tengo registrado en diapositivas. Sólo adelantaré que había una escalera en la que estaba escrita la palabra Lunisolio y descendí a través de cada peldaño. El performance no fue una obra de celebración, nació del dolor y me ayudó a cimientarme, a reconstruirme, el arte es salvador por naturaleza, reconstituyente, tiene uno que aprender a vivir con él y por él, pero ese es otro tema.

Mi trabajo como poeta y editora de este blog no carece de accidentes, los del tiempo de la ciudad con responsabilidades como profesional y madre, además de que siempre me he sentido de otro tiempo, de uno en que pueda macerar los textos como pasas en licor, para luego orearlos y tener la oportunidad de escoger si merecen la pena ser publicados o no; sin embargo, siento que como todo va tan veloz  necesito un espacio expresivo para mostrar a una pequeña, cálida y necesaria audiencia los pensamientos y motivos que tal vez no quepan en ningún otro lugar, que no circulen en la revista de moda, ni sean del interés de diarios ni ostenten estar en  las páginas de revistas literarias. Construir así una suerte de vitrina para quien desee leer, no importa si se llega por accidente, por juego, por amor o antipatía, un espacio para decir lo que necesite expresar. Además algo que se va construyendo como complemento de mi obra poética, que da cuenta de cómo pienso, un ámbito que hable sobre mi proceso creativo, cosa que el lector-espectador pueda comprender algunas cosas, o enredarse más según le plazca, hacerse o hacerme nuevas preguntas. 

Confieso que siento que las gavetas pueden ser útiles, pero son también peligrosas, yo que en mi obra plástica trabajo el espacio y los contenedores, les tengo amor, las mantengo pero me dan mucho que pensar, cuando se muestran a quien no debe, pero sobretodo cuando luego de la muerte del artista son vaciadas, cuando son mimadas por familiares perecederos, cuando resultan inútiles y transitorias, por esa y otras razones hoy les cuento a ustedes desde acá lo que les digo, este es nuestro primer año, vendrán más días, nuevas Lunas y Soles para leer en Soledad.



Ximena Benítez

Caracas, 27 de diciembre de 2015


sábado, 26 de diciembre de 2015

Omar Ramírez, poeta de lo tangible.


                                                    Jazmín de la India


Gritos desaforados de emoción, ternura en la mirada, mucho alboroto: Omar Ramírez, estudió Lengua, Literatura y Latín en el Pedagógico de Caracas, allí conoció a mamá, había nacido en la ciudad de Maracaibo y acababa de llegar de Estocolmo con un amigo científico, un médico sueco llamado Ulf Lundberg. Omar había hecho un doctorado en Filosofía y Letras en la Universidad Complutense de Madrid en la mención Filología Romántica y nos entregó en nuestra casa de Ocumare del Tuy varios poemarios de su autoría: Una sola memoria (1982) prologado por Ernestina Salcedo con ilustraciones de José Luis Aristiguieta, 37 del Invierno edición bilingüe y el tercer libro titulado Palabra & Silencio con prólogo de Domingo Miliani y fotografías de Ulf. 

Un día Omar me fue a buscar al colegio, con esmero revisaba mis cuadernos del quinto grado, y si descubría alguna falta de ortografía me colocaba planas, tareas de caligrafía para que mejorara la letra y nunca olvidara cómo debía escribirse. Adoraba cocinar con mamá, compartían secretos culinarios: jamón con piña, chutney de mango, escabeche de pescado, deliciosas tortas. Conversaban sobre cómo debía hablarse, a menudo sobre el español y sus expresiones, sobre lo coloquial, lo que debe y no decirse, sobre cosas ordinarias, sobre como conservar una verdura o una fruta, de las maneras de ciertos funcionarios públicos.

Omar era sencillo y complicado, andaba casi siempre en bluejeans y franela, era hiperquinético y sincero hasta la inconveniencia, muy alegre y cariñoso. Ulf era aplomado, tranquilo, analítico y observador, mezcla de razón e intuición, se nacionalizó venezolano y llamaba “ñemas” a los huevos de las gallinas que tenían en su parcela de San Francisco de Yare, “Las Moradas”, ese pedacito del mundo, mezcla de culturas con siembra de maíz, mangos, cítricos y oloroso jazmín de la India, allí no sólo habían gallinas con pollitos y gallos, habían gallinas cluecas que parecían unas señoronas con vestido negro y pinticas blancas, orgullosas y distinguidas gallinas, también patos, gansos y perros. Omar le tenía nombre a cada uno de sus animales y un día que yo fui de visita me regaló uno de los patos, me dijo: “Te regalo a Claudio” -no recuerdo si ese era precisamente su nombre- a lo que yo le respondí: “Pato a la naranja”, diciéndole que Claudio pasaría a mejor vida en un delicioso platillo, por lo tanto, no me dejó llevarme su animalito. A mí me encantaba bromear con Omar, me parecía súper divertido y él celebraba mi comportamiento.  En el mundo de las letras los poetas lo recordaban como “el loco Omar”, no porque no fuese poeta, sino porque le decía lo que pensaba a quien fuese en su cara, porque era auténtico y despreciaba las poses, el acartonamiento y lo distante de los cargos burocráticos.

Su obra se nutrió siempre del contacto con lo real, (nunca conocí a alguien más real), hablaba de sus “meditaciones con la escoba”, de sentir en las voces del mercado, en los colores de las frutas, de verduras, vegetales y animales, la vida y lo que está pasando, escuchaba Radio Nacional canal clásico, y tenía cálidos recuerdos de sus viajes: mantas de lana de llama, collares de arcilla mexicanos, estampas de Turquía.

Poeta de lo tangible, profesor por vocación, un ejemplo de que la vida y la obra deben ir de la mano, Omar Ramírez fue sin duda mi primer maestro poeta. Nunca hablaba de literatura, no conversaba sobre la poesía, construía lo poético, lo propiciaba, su mundo y su espíritu estaban plenos de ella, su determinación de alejarse de los círculos literarios, de la bulla, de las poses, calaron hondo en mí. Leer y construir el poema, dejar venir la poesía, plenarse de vida, hacer de la vida una obra y amar, vertiginosamente amar y compartir.


Ximena Benítez

Caracas, 26 de diciembre de 2015




Seis poemas de Omar Ramírez

De Una sola memoria (1982)



Mientras los trozos
de lenguaje disecado
ABOMBABAN
el ambiente
el sonido de las
SSSSSfinales
se
    extendía



***

Apenas
una
sombra de palabra
reposará
   al final
   de estos
   senderos
        en
   raíces


***


El gato Tobías
felizmente pensaba
que yo era
un verdadero animal.
Mientras
yo me convencía de
que ese gato
no era
un animal

***


Ven
antes
que
el tiempo
acabe


De Palabra & Silencio (1984)



VIII
Si hablamos de verdad
digo
que no la capto en palabra refinada;
ésa
abominable,
que por privilegio
es opresiva
y
se afila
al ir urdiendo los saqueos.
Esa palabra
que tienta
hasta el silencio remansado;
asediándolo
asolapadamente
lo azorta
y
 a veces lo aniquila.



***


En
nácar amanecido
tu cuerpo
y
mi cuerpo
de húmedos accidentes
y
la gota de rocío
trajo la isla
y
la historia
con forma de sudor.
Precisamos la sed.
Es así,
ahora la vivo
y
no es que la reviva cada día.
Insisto en el presente
y
el vago movimiento de tu cuerpo.



jueves, 26 de noviembre de 2015

Ya la jaula de cristal se ha fracturado y el mundo muestra sus visceras





 
  
 Fotografía: Chema Madoz

  


a Elizabeth Shön


Ya la jaula de cristal se ha fracturado y el mundo muestra sus vísceras
la luna se hace cargo de su paso
no dice aquí estoy

no reclama no dice nunca

está sola       
y sin miradas

¿qué ha deseado?
¿qué tentación transfigurada se rasga en su ser de claridad intransigente?
¿necesita acaso olvidarse de su nacimiento para hacerse otra piel que luego se agujere?

hay estrechez   cautela   razones
entrepiernas que se cierran y se postran  atropellan y ahuyentan
haciéndola estúpida estudiosa del recato
cuando un perro cuelga de su sudor
mientras se dosifica en mieles
sonríe
sin mostrar su feroz ruido
su caminar de aguante y muérdete las uñas
el embellecido transpirar del crisantemo la rosa muerta hace diez siglos
el verso sin la espada

asumo la ruta que me signa esta belleza que se estropea en mi
sin ser la lenta convención de los laureles
ni la olorosa y movediza transparencia de quien se reafirma ante el espejo

es la cordura de lo frágil persistente
el indeseable desvelo ante el encuentro en que lo diga
muy a pesar de la otra
he visto las escaleras los muros
he atravesado con destreza ciertos pasajes
y no he querido mirar más

no he querido participar aun sabiendo que soy la única culpable
la que guarda sus fieras y las amamanta y las pellizca
me coloco en el fuego y doy la pista sola
y ordeno frasquitos endurecidos
ya he memorizado el juego
vacío los tímpanos y me paso al lado del espejo que no me gusta
la costra va escapándose de la trampa
hay una soga de aguante que se repule

la gruta se pasea de escala en verso
soy una adversión de cosas que se mezclan
tanteo la soledad sin rasgar lo necesario
el papel hace tiempo está desecho

Ximena Benítez
De Temporares en Extamuros, Fondo Editorial IPASME, Caracas, 2007


viernes, 2 de octubre de 2015

Rock y poesía

Rock y poesía 




a los Vargas
a Lenin Márquez 

 
Las presentes palabras no pretenden ser una crítica en el sentido formal, no soy ni he sido músico, me referiré al rock como cualquier persona que lo ha querido, que lo ha amado. En este escrito no encontrarán cronologías exactas, ni el virtuosismo opulento de los críticos oficiales. Escribo desde mi misma, desde mi edad y mis vivencias, con mis amores y antipatías, inscrita en el tiempo en el que he vivido, desde la Caracas de hoy.

Voy a hablarles de una sospecha que se ha venido reiterando una y otra vez desde mi juventud en torno a mí, y que advierto también en muchos otros, les hablaré sobre la relación existente entre la literatura y la música rock.
Al intentar definir el rock nos sucede como con todas las cosas que nos conmueven, que nos agitan el alma; las palabras se agolpan en torno a la definición y sólo es posible asirlas como un conjunto de sensaciones, luego el referido concepto no concuerda exactamente con lo que sentimos al escuchar el rock; pero hagamos el ejercicio citando a Eduardo Guillot: El Rock es tensión, emoción, pulsión sexual, diversión, un estallido de lujuria adolescente, y su razón de ser consiste en llegar a los oídos del oyente y despertar sus emociones.

Veamos entonces un fragmento de la definición de poesía de Octavio Paz: La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro. Pan de los elegidos; alimento maldito. Aísla; une. Invitación al viaje; regreso a la tierra natal. Inspiración, respiración, ejercicio muscular. Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia: el tedio, la angustia y la decepción la alimentan. Oración, letanía, epifanía, presencia. Exorcismo, conjuro, magia.

Estas dos definiciones cada una en su debido contexto, describen géneros aparentemente cercanos, por lo menos desde sus definiciones. ¿Es posible entonces encontrar poesía dentro del rock? ¿dónde comienza exactamente un género y dónde acaba el otro?, ¿qué los diferencia?, ¿se opone el rock a la poesía? Y si se opone, ¿dónde y cómo se opone?, si no se oponen rock y poesía, ¿dónde entonces convergen? Para intentar responder estas preguntas veamos algunos fragmentos de canciones de grupos de rock hispanoamericanos, de los años 80 hasta nuestros días, pido excusas por las involuntarias omisiones de los grupos o canciones que pueda hacer, y me centro entonces en brindarles un panorama general de los textos de los grupos que considero guardan estrecha relación con la poesía. 

Comencemos con Barón Rojo, todo rockero que vivió los años ochenta conoce este grupo español. Su nombre nos remite al soldado  de la Alemania de la Primera Guerra Mundial, un mítico aviador que fue apodado Barón Rojo debido a la cantidad de aviones que derribó, en ese tiempo los aviones eran muy pequeños, construidos con madera y al volarlos se podía advertir el rostro del compañero de vuelo que viajaba en el otro pajarraco, así la batalla sostenida en el aire por el Barón Rojo con su enemigo, era lo más parecido a una lucha cuerpo a cuerpo,  tan distante de la fría e impersonal lucha que constituyen las guerras actuales, tras el avance de la tecnología. El Barón Rojo -según documentos históricos que lo prueban-, le escribió una carta a su madre relatándole que sufría terrores nocturnos a causa de una pesadilla reiterante: la cara de terror del enemigo en el descenso hacia el abismo, para encontrar su muerte. El Barón Rojo fue muerto en batalla por otro avión, pero quedó en torno a él una leyenda de horror, sangre y admiración; ésta fue aprovechada por Carlos de Castro, Hermes Calabria y José Luis Campuzano, quienes llamaron a su grupo de rock Barón Rojo. De ellos es imposible olvidar temas como Larga vida al rock´n´roll, en donde la rebeldía del rockero (del joven, del artista) se da duro contra la sociedad: Si has de vivir al amable del rock/ te alcanzará la maldición/ nunca tendrás reputación/ ¡que más da! / ¡mi rollo es el rock!. O la ironía con que trataron a la democracia española en el tema Con las botas sucias: Tienes once años y pareces una vieja/ sigues prisionera de tus gustos ancestrales/ tu mueves resortes para hacer todos los males/ siempre te alimentas de los vicios nacionales/ no te importa nada / y me sancionas. Hay una letra cedida a los integrantes de Barón Rojo por Luis Eduardo Aute -su autor- ellos, la versionaron en rock y es difícil escucharla en otro estilo, me refiero a “Anda suelto satanás”. La obra de Barón Rojo, se inicia en rock´n´roll y luego da paso a un heavy metal de un refinado lirismo contenido en las letras de sus canciones: Sombras en la noche lejos de la luz/ por salir a flote de la oscuridad/ sombras en la noche luchas sin poder/ consolidaciones de la oscuridad. En la temática conceptual de Barón Rojo también encontramos la presencia del antihéroe, la burla ante esa imagen anglosajona que nos dice que los rockeros son unos tipos malos o deben serlo: Desde pequeño ya/ sintió una fuerte vocación/ pequeño espectador de las películas de acción/ y no le interesó ser como el bueno o el galán/ el malo del guión era su tipo a imitar/ castigador y animal/ peleón, perverso de hogar/ el siempre tuvo muy claro lo que iba a ser de mayor/ Malo oooooh, seré El malo. Barón Rojo transitó muchos caminos, hasta llegar a la valiente definición de vida al situarse en un espacio poco privilegiado: Estas en tierra de nadie ya/ en un sombrío lugar/ junto a las sombras que al atacar te atacan a ti/ no puedes huir/ No escucharán tu predicción de una herencia letal/ pero dirán “tiene razón”/ cuando quizá sea tarde.

Como verán las letras de Barón Rojo dan para mucho, y eso que no nos metemos acá con su música ni con toda su obra, sigamos entonces por brindar un panorama general, con otros grupos, tomemos un grupo venezolano esta vez, hablemos de Pastel de Gente, rock´n´roleros, bluseros por excelencia, con la voz de Marcelo Caponi, es incontable la rebeldía y la exaltación del Blues del Perdedor: Soy un negro en Africa del Sur/ pacifista en medio Oriente/ comunista en el Country Club y en Moscú soy disidente/ soy un cero a la izquierda/ aléjate de mí/ soy una mala hierba/ jamas tengo la razón/ por siempre soy un perdedor. Y también es resaltante en este grupo, una aparente canción tonta, al estilo de esas que nombran la palabra “nena”, con un título risible: “Esta es tu noche nena”, canción dedicada al certamen que muchas veces parece definir la estética de nuestro país, me refiero al Mis Venezuela, la letra de Pastel de Gente reza así: Esta es tu noche nena/ controla toda tu emoción/ esta es tu noche nena/ si tu llegas a ser reina/ te exprimiremos como un limón. Y en un tono similar, pero al otro lado del continente quiero hablarles de unos cuantos grupos mexicanos: Botellita de Jerez, Maldita Vecindad y el Tri. Botellita de Jerez nos dio un rock´n´roll cargado de sarcasmo y humor negro, algo bien particular en sus letras se manifestaba, una desenfadada facultad de nombrar lo cotidiano de los subterfugios marginales de Ciudad de México, todo dentro de una música festiva como las calaveras del grabador mexicano Guadalupe Posada:

La Lola paciente mendigaba/ sufría su jefe la obligaba/con ella sacaba buena lana/ la pobre era jorobada/ Su madre le metía al talón/ era perversa y de mal corazón/ su hermano vivía en el reventón/ él era lilo y amante de un panzón.

Otro grupo mexicano,  Maldita Vecindad,  juega con las fusiones dentro de la música rock, incluso versionando una de las rockoleras canciones de Juan Gabriel: “Querida”. Esta agrupación tiene letras tan duras como “Un poco de sangre” donde se cuenta la historia de un niño que limpia parabrisas y es arrollado por un gran auto nuevo. El niño y su problemática social desaparecen, se reducen a una mancha roja en un auto blanco último modelo.

 El rock siempre ha sido y será rebeldía, lucha contra el poder, contra la cultura dominante, y en él se enfatiza lo local; esto se evidencia en El Tri de manera innegable. Alex Lora - su cantante- hombre de extracción popular, nos cuenta sin afeites ni tapujos, las preocupaciones y problemas de su amado México en temas como niño sin amor: Él nació/ que sé yo/ porque quiso el destino/ porque quiso Dios/ yo no sé/ porque fue/ solo Dios que es tan grande pudiera explicarnos/porque ese niño/ teniendo más derecho que tú o que yo ese niño/ no conoce el amor.

La protesta y la denuncia son constantes en las canciones del Tri, y los que han escuchado su música y la horrorosa voz de Alex Lora se preguntarán ¿qué tiene Lora de poético? ¿qué tienen sus canciones?, y yo me pregunto lo mismo, pero la duda se me aclara al escuchar al primer AC/DC con Bon Scot, y sobre todo cuando no puedo dejar de escuchar su grito, el dolor y la autenticidad de lo que nos dice desde esas canciones duras y violentas, hechas con tanto amor y conocimiento de lo vivido. Entonces lo poético deja de constituirse en algo bello e intocable y se vuelca a la vida, se vale de esa palabra callejera y vital, que conforma las canciones del Tri.

Ya hemos tocado algo de España, México y Venezuela. Quiero culminar el capítulo nacional nombrando a las bandas que en los ochenta nos formaron un gusto llenándonos el corazón de esperanza y fuerza, mientras los sociólogos en los periódicos escribían que éramos la “generación boba”, “la generación Chiclet´s Adams”, nosotros los hijos de la depauperada clase media que una vez fue nombrada “La pobreza decente”, escuchábamos a Arkángel, nos nutríamos de canciones como  Hombre Robot, Castillos en el Mar, Desempleado, Represión Latinoamericana y luego con Gillman: Víctima de la Sociedad, Levántate y pelea, Ladrolitico y 27 F. Escuchábamos a La Misma Gente, cantábamos sus canciones y escribíamos sus letras: Que cuando llueve no es que llueve/es que Dios aprende a llorar/ que cuando llueve mas te quiero/ y cuando llueve tu no estás / lluvia son tus ojos/ lluvia es mi intranquilidad. O respirábamos lo urbano y cotidianamente vivido de temas como: Esperando el autobús te puede costar la vida/ esperando el autobús de Caricuao a Carmelitas/ esperando el autobús de la gente olvidada/ esperando el autobús de los Teques a Casalta. O vibrábamos con la hermosísima letra del Tamborero con su poesía lúcida: Tambores del corazón/ tambores de la esperanza/ tambores de cualquier día cualquier calle / tambor es tambor/ ¿qué pasa?. También en esos años nos nutrimos con Resistencia, con canciones como “Los hijos de la democracia”, “Ponte mosca” o “Pintando una paloma”, de sus letras que tienen un marcado existencialismo que se muestra en un heavy metal bien acoplado. No podemos dejar de nombrar cuando hablamos de la música de la Venezuela de esos años a Gran Bite, con su fuerza y su riqueza de matices, tampoco podemos olvidar el extraordinario lirismo de Témpano con Alexis Peña como vocalista.

En Argentina, país de grandes poetas, el rock se hizo también un movimiento consistente. Desde Suigeneris, hasta las lúcidas y escalofriantemente realistas letras de Charlie García: Yo que crecí con Videla / yo que nací sin poder/ yo que luché por la libertad pero nunca la pude tener/ yo que viví entre fascistas/ yo que morí en el altar/ yo que crecí con los que estaban bien pero a la noche estaba todo mal/ Hoy paso el tiempo demoliendo tele/ mientras los chicos allá en la esquina pegan papeles. O lo poético y simbólico contenido en temas como el que cito a continuación: Ella viaja sin parar/ el viejo truco de andar por las sombras/ ella baila sobre el mar/ ella se va// Pasajera en trance/ pasajera en transito perpetuo (…) Un amor real es como dormir y andar despierto/ un amor real es como vivir en aeropuertos. Del rock argentino de esos años no podemos dejar de nombrar el rock postmoderno de Soda Stereo, cuyas letras nos seducían a la vez que nos espantaba lo acartonado de los peinados que llevaban sus integrantes. Fito Paez con su imagen aparentemente despreocupada y sus contradicciones políticas nos sorprendía con letras como esta: Me gusta estar al lado del camino/ (…) tener que vérmelas con la resaca/ (...) vivir atormentado de sentido/ creo que esta si es la parte más pesada/ en tiempos donde nadie escucha a nadie/ en tiempos donde todos contra todos/ en tiempos egoístas y mezquinos/ en tiempos donde siempre estamos solos/ (..) habrá que declararse un inocente/ o habrá que ser abyecto y desalmado. O del mismo Fito Páez, temas abrasadores y desbordantes como su canción “Desierto”, donde la pulsión sexual va en crescendo manifestándose tanto en su letra como en su música, una lástima su postura política de “adulto”. Si hablamos de Argentina no podemos excluir a Rata Blanca, el grupo de heavy metal, que actualmente cuenta con una de las mejores voces del rock en español: la de Adrián Barilari, sus letras nos hablan de Magos e Historias de amor al mejor estilo medieval. Así tenemos un país que luego de vivir la dictadura de Videla se desborda también en el afiladísimo rock´n´roll de La Renga: No me convence ningún tipo de política/ ni el demócrata ni el fascista/ ¿por qué me tocó ser así?/ ni siquiera anarquista/ Caminito al costado del mundo con aire de andar buscándome un rumbo/ ser socio de esta sociedad me puede matar. El desengaño presente en esa generación dio a los rockeros argentinos un estilo nacional bien marcado, una conciencia de país y de sociedad definidos que se reflejó en su música, todo lo contrario a lo que a primera vista puede parecer el rock, que si bien es siempre rebeldía y como el arte está en contra de lo establecido, su rebeldía no es sin causa, es por amor a la humanidad y voluntad de cambio.

El rock hispanoamericano es un tema sumamente amplio y hermoso, los ejemplos serían incontables, lamento mucho no hacer referencia a grupos de toda Latinoamérica, pasaré entonces a culminar la tarea empezada con España. De allí podemos citar varios grupos, desde el desenfado conciente impreso en el heavy metal de Obús con canciones como “Deprisa, deprisa”, que narra las vicisitudes de un joven que quiere ver a su novia y nunca se encuentra con ella, a causa del tráfico de la gran ciudad, demostrando que la grandiosidad de lo moderno y lo tecnológico se hacen vanos al transformarse en incomunicación y desencuentro. Debemos nombrar acá también entre los grupos españoles a Banzay,  la canción que los hizo famosos: Duro y potente, tienes que ser/ la vida es así/ duro, duro y potente/ como el metal no se puede romper/ que todo se puede arreglar tan solo depende de ti. Esta letra constituyó todo un himno entre los adolescentes del momento, con un solo de guitarra inolvidable que evocaba lo duro del metal. Por otra parte, Héroes del Silencio, otro grupo de heavy metal, estableció un estilo muy culto y personal, de ellos podemos citar: (…) los astros no están más lejos/ que los hombres que trato/ (…) Te he dicho que no mires atrás/ porque el cielo no es tuyo/ y hay que empezar despacio/ a deshacer el mundo/ ponme fuera del alcance/ del boceto universal/nos veremos en el exilio o en una celda. En estas letras la poesía, la intuición,  la sensibilidad y lo simbólico se hacen presentes, la música de Héroes del Silencio se retroalimenta con la historia literatura y el arte, esto puede evidenciarse en la siguiente canción: Camino del exceso, fuente de placer/ un plato de desprecio ahoga el veneno/ mientras dure el dinero y dure el empeño/ ladrillo a ladrillo quedan años después/ si estás dispuesto a afrontar la escena/ no es de William Blake/ ¿estás dispuesto a devorar/ estrellas que sacien tu sed?. Esta letra de la canción llamada “El camino del exceso” hace referencia a uno de los poemas de William Blake, -poeta y grabador inglés de finales el siglo diecinueve-, cito los siguientes versos pertenecientes a sus Proverbios del Infierno: En tiempos de siembra aprende, en la cosecha enseña y en el invierno goza/ Conduce carro y arado sobre los huecos de los muertos/ El camino del exceso lleva al palacio de la sabiduría. Un poema de William Blake iluminó también a una de las figuras de la música rock de todos los tiempos: Jim Morrison, el verso que daría nombre a los Doors dice: Las puertas de la percepción están abiertas.

En  España podemos incluso encontrar el equivalente en español de Jethorotul, me refiero a Ñu, un rockero  que toca la flauta y en cuyo rock hay una bien asimilada influencia de lo celta y lo medieval, las letras de sus canciones no desmerecen el hondo sentimiento de su música: es el héroe que va triste y solitario/ que llega al atardecer/ castiga a magos, duendes y villanos que pagan con sangre su traición/ Las trompetas suenan la llegada/ la corte le recibe con honor/ la princesa le clava los ojos en el alma/ si a él no le asusta el amor/ no se inclina ante el rey/ ni baja la mirada/ arrogancia avalada por valor/ envidia y traición/ su mirada inspira terror.

Para culminar el capítulo del rock español me referiré a Manolo García, el vocalista del Último de la fila, grupo que también dio lo suyo, junto a Leño, Bella Bestia y muchas otras agrupaciones. Las letras de Manolo García son tan poéticas, que si hubiese comenzado con él, pudiésemos estar aún comentando sus imágenes y estableciendo analogías literarias, sus canciones son para escribir mucho, serán tema de otro análisis, veamos una de ellas:

Como tú, camino por ésta estrecha calle /como tú necesito soles que giren para alumbrarme/ que hagan brillar lo bueno que pueda haber en el alma/ sonrío al viento porque en él huelo el humo del incendio/ porque sé que la fe es creer/ en algún dios aunque no exista/ o existir aunque ese dios a veces no crea en ti/ En caminar aunque hoy no brille tu estrella/ Como tú camino por esta tierra que hoy será yerma/ Levedad, somos levedad.

Lo efímero del instante, de la vida en sí son plasmados por Manolo García, un hombre que ha conocido y compartido varios oficios: la pintura, la gráfica, la música y la poesía, cito otra de sus letras: Sobre mis párpados vela/ el gallo de la madrugada, /sobre el péndulo que la vigilia mueve./ Tus rotundas palabras, tu cortante gesto/ son el gélido viento que silba/ por las rendijas de mi pensamiento/ Y es tan grande la tristeza que hoy siento.../ Aléjate espejismo del amor eterno/ sólo eres literaria veleidad/ ni al peregrino das posada ni al sediento agua/ ni al que ansía saber muestras la verdad.

La poesía y el rock, se acercan, se coquetean, hacen que busquemos tanto en uno como en el otro, no están jamás separados, y la vida no debe verse a través de parcelas de conocimiento, acá estoy frente a ustedes, y ustedes y nosotros frente a la eternidad y el mundo. Hagamos cada uno desde nuestros corazones una reflexión interior y topémonos con lo absolutamente glorioso e indestructible, lo que ha sido, lo que fue y será realmente sincero y verdadero: el rock y la poesía. Hagamos de nuestro arte lo que se nos venga en gana, lo necesario y extraordinario que deba nacer: el rock y la poesía de todos los tiempos.


Ximena Benítez

"La poética del Rock", auditorio del Museo de Bellas Artes, Caracas, 2004.