viernes, 13 de febrero de 2026

Semblanza de Douglas Lamont

 
Douglas Lamont, 1998. 
 

                    


Douglas José Lamont Ramírez  (Caracas, 3/12/1967-San Diego de los Altos 12/04/1999). Estudió Arte Puro mención Pintura en la Escuela de Artes Visuales "Cristóbal Rojas" durante los años 1990-1994, allí recibió clases de los maestros Roberto González, Andrés Guzmán, Antonieta Sosa y Pedro Terán, entre otros. En el año 1994 ingresó en el Instituto Superior de Artes Plásticas Armando Reverón en Caracas. 

Desde joven Lamont investigó sobre diferentes religiones y filosofías, los Hare Krishna, los Devotos de Sai Baba, el hiduismo, llegando finalmente al budismo tibetano. Fue vegetariano durante buena parte de su vida. Era un amplio conocedor de la música de Nuestra América, tocaba flauta y quena. Tenía un fuerte vínculo con la naturaleza.  

Era el menor de cuatro hermanas, fue amamantado por su madre -Julia Ramírez- hasta cumplidos los siete años de edad, tenía una nana, una cuidadora (ahijada de su mamá), una mujer muy sensible e intuitiva. Su madre lo amó como solo se puede amar al único varón y al más pequeño de sus hijos. Su padre trabajó en el Instituto Nacional de Obras Sanitarias de Venezuela, era un hombre de familia, hijo de madre y padre francés. Douglas recordaba la deliciosa sopa de cebolla realizada por su abuela paterna. Buena parte de los terrenos de Paracotos eran de la familia de su abuela, ella y su abuelo cultivaban el campo y ella renunció a esa herencia porque no quebrantaría su felicidad en esas tierras por discutir por dinero. Tiempo después pude apreciar una fusta de arreo que realizó su abuela, era una pieza bien trabajada, tenía cacha de hueso tallado engastada en metal con cuero finamente curado y trenzado, una joya hecha a mano. El señor Lamont era un gran conversador, con él se podía hablar sobre cualquier tema. Las hermanas de Douglas eran un mundo, cada una con su familia, con sus hijos y todos los sobrinos adoraban a su tío. El tiempo transcurría entre Caracas y Ocumare del Tuy de los años 90 del siglo XX, visitábamos museos, recitales de poesía, conciertos y galerías de arte, reuniones con artistas y poetas, construíamos nuestras obras en una vida común en función del mutuo descubrimiento del arte y la literatura.

El trabajo plástico de Douglas Lamont tendía a sugerir, a pensar, a suscitar sensaciones. No dejó registro de su trabajo, ni conservé obras suyas. Lamont utilizaba elementos naturales, toncos de madera, alambres, ganchos de ropa y realizaba con ellos instalaciones en las que importaba la disposición espacial y el juego de luces y sombras. Recuerdo una obra suya, era bidimensional de mediano formato (más o menos 80 x 1 metro) en la que intervino una madera con un trozo de papel al que le realizó transferencias que luego aplicó pastel y carboncillo, la madera estaba pacientemente laqueada y se podía apreciar una cierta profundidad. Siempre la conciencia del valor del vacío como posibilidad, lo sensorial, la investigación de materiales, el sugerir más que lo explícito o lo obvio, el misterio siempre. Así era él, sus palabras, su silencio, su sonrisa y profundad, lo cristalino de su voz y lo perenne, la plenitud. 

Visité con él la escuela de arte desde los 17 años, me presentó a los artistas y comencé a comprender el lenguaje y el mundo de las artes plásticas, asistí como oyente a sus clases con Pedro Terán, vi
sitábamos museos, recitales de poesía, conciertos y galerías de arte, reuniones con artistas y poetas, construíamos nuestras obras en una vida común en función del mutuo descubrimiento del arte y la literatura.

Douglas siempre aupó mi trabajo con la poesía, disfrutaba la ironía de mis textos, fue un cómplice perfecto y comprendía la relación entre literatura y arte, realizamos performances, crecíamos juntos, poseía una gran sensibilidad, era inteligente y empático, con gran sentido del humor. 

La última de obra de Douglas no llego a materializarse,  me la contó unos días antes de su muerte en el año 1999, consistía en lanzar al cielo un globo con luces encendidas dentro, una obra acontecimiento que imagino hoy que llevaría  palabras escritas y surcaría lo inmenso en mitad de la noche. 


Ximena Benitez

Caracas, 13 de febrero de 2026

  

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Performance e instalación de Ximena Benitez con participación de Douglas Lamont

Entrega de una clase de Lenguaje Plástico de la maestra Antonieta Sosa en el Instituto Superior de Artes Plásticas Armando Reverón de Caracas, año 1995.


Douglas apareció como un personaje que invitaba a ingresar en un ámbito lleno de texturas realizadas con papel sanitario en el suelo, había una suave música que recibía a los espectadores a ingresar en el espacio, se les invitaba a pasar descalzos


 
 
    
 

 
 
 

 
Mientras la música se volvía más dinámica Liseth y Carlos Vega se integraron al performance y crearon "la señorita diarrea" 
 
 

 
 
 
 
Dentro del espacio había una mesa con una caparazón de morrocoy, papel sanitario y trozos de pelo cortados 

   
    
 
Nydia Goiticoa, Andreina Mibelli y Andrés 
 
 
 
 
Antonieta Sosa y Luis Eduardo Cabrera (Chacho) 
con los estudiantes Fabian Andrés Saraza, Guillermina Ramírez y Kiangsi Alfonso).
 
 
Este performance con instalación pretendió denunciar el sistema que nos conduce a la muerte de la naturaleza y con ello lo humano. Todo sucede como en una danza en la que confluimos sin advertirlo y hasta contentos. Los trozos de cabello sobre la mesa y el caparazón de morrocoy deseaban mostrar la naturaleza y a lo que nos reduce el espectáculo y lo superfluo de lo cotidiano que pasa muchas veces sin que lo podamos advertir.  
 
 
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Recital de Poesía en Las Mercedes, 
Caracas, 1998. 
 
 
Recital de poesía acompañada por Douglas en una plaza pública en Las Mercedes, no teníamos micrófono con sonido, así que improvisamos solicitando a la policía un parlante, nos lo prestaron. 
Douglas comenzó a llamar a los transeúntes que pasaban por la plaza y luego realizamos iniciamos el recital. 

 

Fabian Andrés Saraza repartió a los asistentes cartas, de acuerdo a las que salían recitaba sus versos
 
   
   


Entre los asistentes al recital estaban Federico Melo, Erika Reginato y Alfredo Herrera Salas.


 
 
 
 
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a Douglas

 

quiero golpear tu sangre contra mis pechos

y dibujarte una arañita triste

incandescente

salida de mi sien

como huracán en alas al destierro

 

quiero

robarte el paraíso en seco

oler tu musgo sin tocarte ni un centímetro

encontrarte petrificado

en la sonrisa del andamio adepto a mis labios

si no fuera por toda esta gente

si no fuese por todo este odioso milenario retorno

de los últimos segundos

te dibujaría tan vez

una arañita alegre 

 

Poema escrito en 1996 y publicado en Temporales en Extramuros, Fondo Editorial IPASME, Caracas, 2007.

 

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El espacio guarda instantes
sintaxis de objetos
vibraciones
lo de afuera parece estar completo
pero es reflejo
de lo que pasa
en un continuo fuego
en perfilar de la distancia
Las edades y sus ilusiones
las lógicas y sus “verdades”
conduciendo a un recoveco desorientado
No se encuentran
se anima la naturaleza de lo ido y lo porvenir
es el enigma de la hoja enmohecida / naciente
la montaña quemada
todo reverdece
se va

Habrá
habrá y nada menos la muerte
porque el amor fue en ti prenda de luz
fuimos perfectos dioses
porque supimos cobijarnos en la tormenta
y aunque tu sueño terminara antes que el mío
teníamos el mismo / soñábamos el mismo
En un hueco del tiempo -pliegue temporal-
me hallé sin ustedes
ese día sentí terror
los oía conversar animados
los llamé a gritos
y no me escuchaban
(creí que yo no existía)
en realidad
supe que no estarían más conmigo
hasta que vinieron
a abrazarme
 
 
 
Ximena Benítez. Íntima obediencia. Editorial Giraluna, 2022.