lunes, 21 de agosto de 2023

Íntima obediencia con reseña de Nelson Guzmán







Ximena Benítez 

Autorretrato con ojo 

50 cms x 35 cms 

Carboncillo sobre papel 

Caracas, 1998


Han pasado varios años desde la publicación de mi poemario Íntima obediencia, hoy lo comparto en Lunisolio para todo el que desee leerlo. Ya lo había compartido con algunos amigos, y también lo adquirí en su versión impresa disponible en Amazon, agradezco al poeta Rey D´Linares y a la Sociedad de Poetas Andrés Eloy Blanco por su edición y a la artista plástico Ángela Scavo por su portada, por acá tienen la versión digital:


https://drive.google.com/file/d/1ShVbZ-UT_AnIRxQ4mztvFomlAZhAWWga/view?usp=drive_link 




 

Ximena Benítez

Autorretrato con tapabocas 

50 cms x 35 cms 

Carboncillo sobre papel

Caracas, 1998


Este poemario contiene imágenes de mi autoría, son dibujos que he tratado como los textos que integran el libro, es decir, he sacado a la luz de hoy, así como quien descubre algo de sí misma de otra que fue, como abrir un cofre del tesoro, algo parecido, con asombro y curiosidad, también con alegría y preguntas.


Ximena Benítez 

Autorretrato como gata 

50 cms x 35 cms 

Carboncillo sobre papel 

Caracas, 1998

 

Ximena Benítez 

Autorretrato con decisiones 

50 cms x 35 cms 

Carboncillo sobre papel

Caracas, 1998



Infinita Obediencia
Nelson Guzmán


Versos tersos y melancólicos son los de nuestra infinita Ximena. Su pluma nos hace comprender los recodos del amor. La vida y la muerte son dos substancias que se rozan. Los seres humanos no somos más que seres baldíos que le tenemos miedo a las distancias, arropados por la soledad no tenemos más defensa que  la de nuestras palabras. La muerte desalienta la eternidad y es un castigo superlativo al que todos temen. Los humanos deambulamos por las calles sorprendidos sin más remedio que recibir las volteretas de la cotidianidad. Ximena sonríe, calla y padece ante la fenomenología de un mundo que es incontrolable.
Ximena acaece ante su imperturbable realidad, sabe andar en la oscuridad y recibir sus fibras. La verdad está allí y más allá. El lenguaje de los días es repetición. La vida es sorprendente en su carroña, en su amor divino. Todos rozamos con un obstáculo, la permanencia no es otra cosa que voluntad de amor que se ensortija en las faenas del existir. En esos fuegos vivimos los bardos, como siempre, tatuados de eternidad. La finitud la siente a cada rato, pero allí sigue ella guaraleando su derecho de afirmación, los verbos de su poética la enseñorean en lo más supremo de sus vocablos.


En Íntima Obediencia se va atisbando una fuerza descomunal del universo intrapsiquico que hace posible que nuestra creadora se interrogue por el mundo que vive. Indagar es preguntar  por los destinos de ese ser que somos, la poesía es una confrontación y un horadar de nosotros mismos. Se combate en los caminos y nos plantamos ante nuestras voces sin poder saber si somos marionetas de un destino o un infatigable adiós a los instantes, lo dice bellamente, “déjame a mí en mi cansada soledad/  déjame yo no sé contar/ no calculo ni mastico como ellos/ soy perfectamente torpe para todo”
La vida de nuevo se le pone allí enfrente a nuestra poeta para que tase el sentimiento de abismo y de fastidio que sienten las muchachas de las tiendas, ellas perciben como sus existencias se desvanecen vigilando vidrieras que no las convocan a otra cosa que a la monotonía, se registran pérdidas en el cavilar de unas horas que han renunciado a las sorpresas, desean escapar de aquel destino aburrido. Pero más allá en el columpiar de los días se muestra el amor infinito de Ximena por el amor que no tiene rezagos, que se expresa como pasión, como nocturna devoción por sus hijos. La luces de las estrellas tintinean en lo más profundo de los cielos para recordarle el acto de creación y de luz que le ofrecen los días.

Ximena aposenta su ser en este libro de nombre sugestivo. Íntima Obediencia son sus sueños, y sus búsquedas, las resacas de los ríos del pasar la tropiezan con sus amigos y allí se desencadenan los faros, sus luces. Sus versos llevan a la introspección y al esclarecimiento al expresar que anhelar por lo que no existe es un absurdo, un escupitajo de espumas vacías, desaforadas en la completa incertidumbre “No hay definitiva luna” El mundo añorado como perfección deja de existir en el entramando de días que no pueden ser. La vida es mordedura, fragancia, hastío, estupidez. Nos vamos mostrando tal cual somos con la certeza que hemos perdido.


Hay un intento de exploración y escrutinio ante lo que no se puede hacer. El artista no termina de comprender las voces que lo asaltan. Finalmente los tiempos del alumbramiento se aposentan en la piel de los creadores. Todo se da en un misterioso vuelo que no tiene final. La lucha infinita con las voces de la ausencia conturban las palabras. El cielo es una eternidad que se debe descifrar. La intuición descarnada de nuestra creadora nos expresa que no somos nuestros. Somos requeridos por lo desconocido, abordamos la existencia como fablistanes de la esperanza. Aparecemos entonces esforzados por ocultarnos de nosotros mismos, no somos capaces de asumirnos en nuestra exactitud, las llagas se atesoran como un vaivén despiadado.

Los hombres no parecen ser otra cosa más que dolores del destino, encaprichados por ocultarnos terminamos lacerados por nuestras certezas. Las gotas del rocío llegan a aliviarnos, pero no nos curan. Ximena se interroga,  festeja sus ausencias, se percibe en la faena de vivir, obsequiada por voces distantes asume con arrojo su existir, maquina, habla, empalma palabras que la desnudan, la fortalecen y le insinúan que debe aguardar, el momento decisivo ha de venir. Ha sido arropada muchísimas veces en los refugios de la tormenta. La vida y la muerte subyacen en el íntimo valor de los instantes. Ximena aparca en el mundo de subjetividades y melancolía. En este libro habita con sus amigos en el extenso divagar de las cosas.



Nelson Guzmán, Poeta, ensayista y novelista venezolano (Cumaná, 1955), Premio Nacional de Cultura Mención Humanidades. Es doctor en filosofía (Universidad de París 8) y doctor en ciencias sociales (Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales), profesor asociado del doctorado en Ciencias Sociales y coordinador de la Unidad de Investigación sobre Hermenéutica y Filosofía del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Ha publicado los libros de poemas Ráfagas de olvido, Contertulios, Minerva está engaripolada y Zerpa pensador desde una orilla más libre, y los libros de filosofía Sociología de la mirada, Hegel, Borges, Ideología y subjetividad, La crise du logos et des utopies de la modernité y Subjectivité et idéologie.