Ximena Benítez
Autorretrato con ojo
50 cms x 35 cms
Carboncillo sobre papel
Caracas, 1998
Han pasado varios años desde la publicación de mi poemario Íntima obediencia, hoy lo comparto en Lunisolio para todo el que desee leerlo. Ya lo había compartido con algunos amigos, y también lo adquirí en su versión impresa disponible en Amazon, agradezco al poeta Rey D´Linares y a la Sociedad de Poetas Andrés Eloy Blanco por su edición y a la artista plástico Ángela Scavo por su portada, por acá tienen la versión digital:
https://drive.google.com/file/d/1ShVbZ-UT_AnIRxQ4mztvFomlAZhAWWga/view?usp=drive_link
Ximena Benítez
Autorretrato con tapabocas
50 cms x 35 cms
Carboncillo sobre papel
Caracas, 1998
Este poemario contiene imágenes de mi autoría, son dibujos que he tratado como los textos que integran el libro, es decir, he sacado a la luz de hoy, así como quien descubre algo de sí misma de otra que fue, como abrir un cofre del tesoro, algo parecido, con asombro y curiosidad, también con alegría y preguntas.
Ximena Benítez
Autorretrato como gata
50 cms x 35 cms
Carboncillo sobre papel
Caracas, 1998
Ximena Benítez
Autorretrato con decisiones
50 cms x 35 cms
Carboncillo sobre papel
Caracas, 1998
Infinita ObedienciaNelson
Guzmán
Versos tersos y melancólicos
son los de nuestra infinita Ximena. Su pluma nos hace comprender los recodos
del amor. La vida y la muerte son dos substancias que se rozan. Los seres
humanos no somos más que seres baldíos que le tenemos miedo a las distancias,
arropados por la soledad no tenemos más defensa que la de nuestras palabras. La muerte desalienta
la eternidad y es un castigo superlativo al que todos temen. Los humanos
deambulamos por las calles sorprendidos sin más remedio que recibir las
volteretas de la cotidianidad. Ximena sonríe, calla y padece ante la
fenomenología de un mundo que es incontrolable.
Ximena acaece ante su
imperturbable realidad, sabe andar en la oscuridad y recibir sus fibras. La
verdad está allí y más allá. El lenguaje de los días es repetición. La vida es
sorprendente en su carroña, en su amor divino. Todos rozamos con un obstáculo,
la permanencia no es otra cosa que voluntad de amor que se ensortija en las
faenas del existir. En esos fuegos vivimos los bardos, como siempre, tatuados
de eternidad. La finitud la siente a cada rato, pero allí sigue ella
guaraleando su derecho de afirmación, los verbos de su poética la enseñorean en
lo más supremo de sus vocablos.
En Íntima Obediencia se va
atisbando una fuerza descomunal del universo intrapsiquico que hace posible que
nuestra creadora se interrogue por el mundo que vive. Indagar es preguntar por los destinos de ese ser que somos, la
poesía es una confrontación y un horadar de nosotros mismos. Se combate en los
caminos y nos plantamos ante nuestras voces sin poder saber si somos marionetas
de un destino o un infatigable adiós a los instantes, lo dice bellamente, “déjame a mí en mi cansada soledad/ déjame yo no sé contar/ no calculo ni mastico
como ellos/ soy perfectamente torpe para todo”
La vida de nuevo se le
pone allí enfrente a nuestra poeta para que tase el sentimiento de abismo y de
fastidio que sienten las muchachas de las tiendas, ellas perciben como sus
existencias se desvanecen vigilando vidrieras que no las convocan a otra cosa que
a la monotonía, se registran pérdidas en el cavilar de unas horas que han
renunciado a las sorpresas, desean escapar de aquel destino aburrido. Pero más
allá en el columpiar de los días se muestra el amor infinito de Ximena por el
amor que no tiene rezagos, que se expresa como pasión, como nocturna devoción
por sus hijos. La luces de las estrellas tintinean en lo más profundo de los
cielos para recordarle el acto de creación y de luz que le ofrecen los días.
Ximena aposenta su ser en este libro de nombre sugestivo. Íntima Obediencia son sus sueños, y sus búsquedas, las resacas de los ríos del pasar la tropiezan con sus amigos y allí se desencadenan los faros, sus luces. Sus versos llevan a la introspección y al esclarecimiento al expresar que anhelar por lo que no existe es un absurdo, un escupitajo de espumas vacías, desaforadas en la completa incertidumbre “No hay definitiva luna” El mundo añorado como perfección deja de existir en el entramando de días que no pueden ser. La vida es mordedura, fragancia, hastío, estupidez. Nos vamos mostrando tal cual somos con la certeza que hemos perdido.
Hay un intento de exploración y escrutinio ante lo que no se puede hacer. El artista no termina de comprender las voces que lo asaltan. Finalmente los tiempos del alumbramiento se aposentan en la piel de los creadores. Todo se da en un misterioso vuelo que no tiene final. La lucha infinita con las voces de la ausencia conturban las palabras. El cielo es una eternidad que se debe descifrar. La intuición descarnada de nuestra creadora nos expresa que no somos nuestros. Somos requeridos por lo desconocido, abordamos la existencia como fablistanes de la esperanza. Aparecemos entonces esforzados por ocultarnos de nosotros mismos, no somos capaces de asumirnos en nuestra exactitud, las llagas se atesoran como un vaivén despiadado.
Los hombres no parecen ser
otra cosa más que dolores del destino, encaprichados por ocultarnos terminamos
lacerados por nuestras certezas. Las gotas del rocío llegan a aliviarnos, pero
no nos curan. Ximena se interroga, festeja sus ausencias, se percibe en la faena
de vivir, obsequiada por voces distantes asume con arrojo su existir, maquina,
habla, empalma palabras que la desnudan, la fortalecen y le insinúan que debe
aguardar, el momento decisivo ha de venir. Ha sido arropada muchísimas veces en
los refugios de la tormenta. La vida y la muerte subyacen en el íntimo valor de
los instantes. Ximena aparca en el mundo de subjetividades y melancolía. En este
libro habita con sus amigos en el extenso divagar de las cosas.
Nelson Guzmán, Poeta, ensayista y novelista venezolano (Cumaná, 1955), Premio Nacional de Cultura Mención Humanidades. Es doctor en filosofía (Universidad de París 8) y doctor en ciencias sociales (Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales), profesor asociado del doctorado en Ciencias Sociales y coordinador de la Unidad de Investigación sobre Hermenéutica y Filosofía del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Ha publicado los libros de poemas Ráfagas de olvido, Contertulios, Minerva está engaripolada y Zerpa pensador desde una orilla más libre, y los libros de filosofía Sociología de la mirada, Hegel, Borges, Ideología y subjetividad, La crise du logos et des utopies de la modernité y Subjectivité et idéologie.